Los fenómenos macroeconómicos (paro, crecimiento, recesion, inflación...) son consecuencia de acciones humanas individuales (microeconomía) de consumidores, empresarios, inversionistas y especuladores, que necesariamente han de regirse por las regulaciones de gobiernos y burócratas. Una inmensa mayoría de la prensa y programas de radio, televisión y webs de Internet no informan
correctamente del origen de este desaguisado mundial en el que millones de empresarios han equivocado sus inversiones, todos a la vez. Muchos de ellos (los programas y sus tertulianos) se quedan en la "codicia humana" como causa última, como si tal pecado capital hubiera sido creado antes de ayer.El origen es más simple de lo que parece: Aumentar o incrementar el volumen de créditos sin existir un incremento del ahorro real. Lo complicado -para los ciudadanos- es darse cuenta a tiempo de lo que está pasando.
Rastreemos un poco que ocurre -que sucesos microeconómicos se producen- cuando los gobiernos y bancos centrales permiten y orquestan una expansión crediticia.
La única forma de colocar "toneladas" de nuevos préstamos en el mercado es rebajando artificialmente el tipo de interés.
Empieza pues, bajo el engaño, el periodo de auge económico ficticio. Se comienzan entonces, proyectos que de ninguna manera, podrán ser finalizados en su totalidad puesto que no hay ahorro para tal cosa, y los recursos (los bienes de capital) son los mismos que había antes de la expansión crediticia.
Debido a los bajos tipos de interés y a la nueva liquidez se inician proyectos que ahora parecen rentables. Los precios de los bienes de inversión (bienes futuros) aumentan puesto que aumenta su demanda monetaria*. Pero en términos generales, no se ha reducido el consumo de bienes presentes (bienes de consumo corriente) y por tanto no se han liberado factores que puedan emplearse en la producción de esos bienes futuros. Sin embargo se comienzan proyectos nuevos -potenciales bienes futuros-, como si hubiera ahorro para tal cosa; y todo ello con los mismos recursos que había antes de "imprimir" nuevo dinero.
de sus nuevos proyectos estarán aún sin finalizar.Algo va a fallar, pero no nos adelantemos, continuemos nuestro rastreo.
Esta incipiente actividad económica financiada con "nuevo papel", producirá un alza de las rentas monetarias de los propietarios de recursos naturales, y de los trabajadores y empresarios empleados en ella, y por tanto aumentará la demanda monetaria total de bienes de consumo (puesto que, recordemos, las nuevas inversiones no están siendo respaldadas con ahorro real que forzosamente ha de exigir la previa reducción voluntaria del consumo).
El precio de los bienes de consumo tenderá a aumentar más a medida que pase el tiempo y vaya aumentando la expansión crediticia. Esta presión inflacionista de los bienes de consumo es doble, a saber:
1- porque forzosamente se han tenido que desviar factores de la producción de bienes de consumo final a la producción de bienes de inversión, provocando por tanto, una ralentización en la producción de aquellos o incluso una disminución notable por la escasez de factores no específicos esenciales (materias primas año 2008) manifestándose cuellos de botella en su producción; y
2- porque, como he comentado antes, ha aumentado la renta monetaria de trabajadores y empresarios (beneficios empresariales artificiales), que también son consumidores, y que en general, no han decidido variar su proporción "ahorro-consumo" (su preferencia temporal). Por lo que este hecho sumado al punto número uno, ha de presionar notáblemente al alza de los precios de bienes de consumo corriente. Es decir, la proporción en la que aumentan los precios de estos bienes tenderá a ser mayor que la proporción en la que aumentan los precios de los bienes de inversión y los precios de los factores originarios (trabajo y recursos naturales).
Nótese que la falsificación que desatan las autoridades monetarias es mayúscula y sin embargo no es percibida por la gente.
Seguimos el rastro.
Como las rentas nominales aumentan (en realidad, como decimos, están aumentando los precios monetarios de todos los factores originarios: recursos naturales y trabajo), los costes de las nuevas inversiones se encarecen también, pero se disipa el peligro que vislumbran los empresarios respecto a que las nuevas inversiones no sean rentables, puesto que los precios finales también han aumentado, y se vende todo, aunque sea a base de nuevos créditos que no proceden de ahorro real.
El tinglado se mantiene, a duras penas, mientras se inyecta nuevo dinero cada vez en proporciones mayores manteniendo artificialmente bajos los tipos de interés. Además, en esta crisis inmobiliaria, nuevos préstamos con más dinero creado de la nada, van dando salida a las nuevas inversiones en bienes de consumo duraderos (semejantes a los bienes de inversión o de capital).
La cantidad de nuevo dinero que llega procedente de la expansión del crédito debe ir siempre por delante del aumento de los precios de los bienes de consumo corrientes para que no se revierta todo el tinglado. Es decir, habría que evitar que la demanda de bienes de consumo comience a elevarse no en términos absolutos, sino en términos relativos con respecto a los fondos disponibles para la inversión. "Osease", habría que dibujar un circulo cuadrado, ya que por lo expuesto hasta ahora, será inevitable que la proporcion en que aumentan los precios de los bienes de consumo sea mayor que la proporción en que aumentan los precios de los factores originarios (trabajo y recursos naturales). O examinándolo desde otro punto de vista: el aumento de la renta de empresarios y trabajadores consecuencia de la cantidad de dinero que llega de la expansión del crédito (¡ojo! sólo de la expansión del crédito), deberia AHORRARSE COMPLETAMENTE, para mantener de forma permanente la nueva estructura de producción que se está creando. Lo cual, dicho sea de paso, demuestra que toda esta secuencia descrita en esta entrada del blog es igualmente válida, para el caso de existencia de recursos ociosos (desempleo) al comienzo de la expansión. Es decir, la crisis se producirá inevitablemente en cualquier caso.
Es complétamente imposible que se produzca este ahorro, puesto que tendría que darse el absurdo de que trabajadores y empresarios no fueran a la vez consumidores, es decir, que fueran una especie de "androides indesgastables", ya que, por ejemplo, de toda la renta de un recurso previamente ocioso, como puede ser la nueva renta de cualquier trabajador en paro empleado con dinero procedente de la expansión, no se consumiera ni un solo dolar ó euro hasta la finalización de los proyectos emprendidos; de tal forma, que se pudiera evitar el aumento monetario de la demanda de bienes de consumo corrientes (y por tanto de la demanda de bienes no específicos necesarios tanto para la producción de bienes de consumo como de bienes de inversión: energía, materias primas... etc), y entonces, como decíamos, evitar así el mayor aumento relativo de los precios de estos bienes -los de consumo- con respecto al aumento de los precios de los factores originarios y recursos naturales; y así, por tanto, compensar con ese "posterior ahorro", la previa disminución de consumo que debería haberse producido si las nuevas inversiones hubieran sido financiadas con ahorro real.
Pero no será así, puesto que, las personas no son androides y además, recordemos que no ha variado la preferencia temporal de los consumidores (empresarios y trabajadores), y por tanto la distribución consumo-ahorro de las nuevas rentas procedentes de la expansión del credito será la misma (o similar).
Al mantenerse esta proporción, y debido al aumento monetario de la renta, forzosamente tendrá que aumentar la demanda de bienes de consumo corriente, pero, sin el correspondiente aumento de la oferta, puesto que los factores necesarios para ello, se han desviado a la producción de bienes futuros (de inversión).
Decíamos pues, que los precios de los bienes de consumo (bienes presentes) presionan más al alza en proporción al primer aumento de precio de los bienes de inversión (bienes futuros), puesto que las rentas monetarias de los factores originarios (salarios y recursos naturales) de producción han aumentado. Al aumentar proporcionalmente más los precios de los bienes de consumo, los salarios reales disminuyen. Es decir el precio del factor trabajo comenzará a ser relativamente menor que el precio de los bienes de capital o de inversión (bienes futuros). Los empresarios empezarán a advertir esta situación: el mayor beneficio se encuentra en la producción de bienes de consumo no duraderos. Y empezarán a detraer factores de los procesos productivos más lejanos a los mas cercanos a los bienes de consumo corriente (bienes presentes). Justo al revés de como empezó todo, puesto que (recordemos punto 1 y 2) su demanda monetaria aumenta por lo que sus precios también aumentarán y por tanto los beneficios (contables) serán mayores. Este desplazamiento masivo incluye por supuesto, al grueso de las materias primas (puesto que también son demandadas en la producción de bienes de consumo corriente) y a todos los factores no especificos: el primero, el trabajo.
Y aquí aprovecho para recodar lo dicho más arriba: que esta situación de mayor demanda relativa de bienes de consumo en relación a los bienes de inversión ya estaba siendo puesta de manifiesto por el tipo de intérés natural u originario de la sociedad y el volumen de ahorro real, y que sin embargo ha sido manipulada por gobiernos y autoridades monetarias.
Sigamos:
Los empresarios de los bienes de inversión (bienes futuros) necesitarán cada vez mas papel, (más dinero artificial), y cada vez en mayores proporciones, para competir por los factores de producción con los empresarios de los bienes de consumo corriente para mantener y dar finalización a los mega-proyectos emprendidos.
Téngase en cuenta- aplicando esta teoria a esta crisis que padecemos- que el proceso productivo de los bienes inmuebles comienza con las actuaciones de los promotores encaminadas a la compra de suelo, estudios de mercado, adecuación a los planes urbanísticos, estudios medioambientales, recalificaciones, servicios públicos ... etc; por lo que es un proceso bastante más dilatado en el tiempo de lo que pueda parecer en un principio (es muy capital intensivo); y por lo tanto enormemente dependiente del tipo de interés (la preferencia temporal).
No olvidemos que el tipo de interés -sin manipular- es el sistema que equilibra la oferta de ahorro y su demanda para inversiones.
Sin embargo lo que está sucediendo es que la preferencia temporal, el tipo de interés de la sociedad , es mucho más alto de lo que están reflejando los tipos de interés de mercado (alterados, como digo, por los científicos monetarios y los burócratas). Los consumidores están valorando mucho más los bienes presentes en relación a los bienes futuros de lo que se está transmitiendo a los empresarios a través de la manipulación artificial de los tipos de interés por las autoridades monetarias.
La sociedad está demandando mas bienes de consumo corriente o mas cercanos al consumo final, y sin embargo, por causa de la fuerza impulsora del nuevo dinero adicional procedente de la expansión crediticia, los recursos humanos y materiales reales se están desviando a bienes de inversión mucho mas alejados del consumo final, demasiado capital intensivos, con procesos de producción demasiado largos, y por tanto, incompatibles con el ahorro disponible.
Se está formando una burbuja monumental en el precio de algunos activos (unas veces será la bolsa, otras, las tecnológicas, otras veces como en ésta, los inmuebles ... etc, etc). Burbuja financiada con expansión crediticia en lugar de con ahorro real, de modo que cuando explote, forzosamente afectará a todo el sistema financiero.
Mientras tanto, como en concreto, esta última expansión artificial del crédito, se ha desarrollado en un entorno de gran productividad, el precio unitario de muchos bienes finales sólo va aumentando moderadamente, aunque sí que está aumentando de forma descomunal la demanda global y el importe (monetario) global de ventas de bienes y servicios de consumo corriente (centros comerciales a reventar, aumento espectacular del consumo de energía y combustibles , centros de salud y de estética, casas rurales, gimnasios, bares, botellonas, teatros, conciertos, espectáculos, restaurantes ... todo a tope... todo lleno y colas en todas partes ... y "otra de gambas"... )
Vemos, por tanto, que la sociedad está demandando más bienes de consumo corriente ya; y los empresarios de determinados sectores de la producción de bienes mas alejados del consumo final (los promotores inmobiliarios, en este caso), se empeñan en continuar con sus proyectos excesivos que no podrán se culminados en su totalidad, puesto que han caído masivamente en el engaño de la distorsión de la preferencia temporal ocasionada por los bancos centrales al reducir el tipo de interés e inyectar a través del sistema financiero, toneladas de papel que no son reflejo de recursos disponibles en la sociedad.
A pesar de que los consumidores dispongan de una mayor cantidad de dinero, nunca podrán consumir más que la oferta corriente de bienes de consumo...; la proporción en la que los empresarios están dividiendo sus recursos entre la producción para un futuro inmediato y el futuro mas distante, está siendo diferente a la proporción en la que los consumidores desean dividir su renta entre la provisión para el consumo inmediato (bienes de consumo corrientes) y el consumo futuro, (Hayek 1931).
Téngase en cuenta, para ilustrar el párrafo anterior de Hayek, que en España, se han construído viviendas para cubrir la demanda hasta el año 2020 (o más allá). Para hacerlo se han empleado recursos naturales y trabajo. Sus propietarios han recibido sus rentas correspondientes procedentes del dinero creado de la nada y como es lógico, a continuación se han puesto a consumir esas rentas de acuerdo con sus preferencias temporales. La mayor demanda de bienes de consumo corriente, materias primas y energía generada por esas rentas, no se ha retrasado hasta el 2020. Es decir, la renta exclusivamente procedente de la expansión artificial del crédito, no se ha ahorrado.
Prosigamos.
Mientras tanto, gobiernos y bancos centrales siguen ciegos con las gafas mal graduadas del IPC que ellos mismos han inventado.
Con tal invento y la forma en que se utiliza, será inevitable la formación de enormes burbujas en cosas que queden fuera de su propio cálculo, por lo que tal instrumento es una porquería que no sirve para nada que no sepamos de antemano todos los consumidores cuando acudimos al supermercado o a la estación de servicio.
Seguimos el rastreo.
Sin embargo, todo el dinero se mezcla: el bueno, que procede del ahorro, con el malo, que procede de la nada y es creado por los bancos y el banco central. Inevitablemente, también pagarán justos por pecadores..
Conviene recalcar de nuevo, que un aumento moderado del nivel general de precios durante algún tiempo es posible, puesto que pueden desatarse fuerzas contrarias ocasionadas por la aplicación en las empresas de invenciones, descubrimientos y desarrollos técnicos que provocan un aumento de la productividad (informatización de todas las empresas, Internet, comunicación mundial en tiempo real… etc) lo cual, como sabemos, desata tendencias a que bajen los precios por unidad producida. Son fuerzas contrarias que no se contrarrestan (no impiden las variaciones de los precios relativos), y que no son percibidas por las autoridades monetarias, como la realidad ha demostrado. De hecho tanto la expansión crediticia de los años 20 como ésta misma, se han dilatado tanto en el tiempo porque han coincidido con periodos de gran aumento de la productividad. Es decir, el IPC hubiera bajado espectacularmente en esta última década, si se hubiera mantenido estable la masa monetaria.
También ha contribuído a que se mantuviera un bajo crecimiento del índice general de precios, a pesar de la expansión crediticia, la incorporación de mercancias de los centros de producción asiáticos, con tipos de cambio de sus monedas artificialmente bajos, y por tanto con precios de productos artificialmente bajos.
Del mismo modo, en esta crisis, no se ha tenido en cuenta la incorporación de millones de inmigrantes al mercado de trabajo, hecho que ha impedido la detracción de factor trabajo en exceso de la producción de bienes mas cercanos al consumo final, para emplearlos en la producción de bienes de inversión; y por tanto, los salarios no han presionado en exceso al alza, a pesar del aumento bestial de la masa monetaria, manteniendo un IPC ficticio, en moderado crecimiento, y a pesar de que como decimos, los precios rela
tivos de algunos bienes han reflejado un auténtico terremoto.
El auge estallará en mil pedazos cuando la inflación (mejor dicho, el índice general de precios) comience a ser alarmante (subidas considerables de precios de materias primas, bienes de primera necesidad... etc), y el Banco Central se vea forzado a cesar la introducción de nuevos medios fiduciarios (dinero) subiendo el tipo de interés. Los bancos comerciales dejarán de prestar y contraerán la masa monetaria. Se irán poniendo de manifiesto entonces todas las malas inversiones y las pérdidas contables de las empresas mas alejadas del consumo final (los promotores inmobiliarios, la construcción y su industria auxiliar: "al carajo"). El valor de determinados activos, (en esta crisis, los inmobiliarios; dos millones de viviendas sin vender, o a medio hacer), comenzará a desplomarse y con ellos toda la actividad económica que los generaba, incluído por supuesto, el trabajo. Aumentará el desempleo. Todo el sistema bancario es insolvente. No es falta de liquidez, pues el sistema, tal y como está montado, siempre es ilíquido. Es que está quebrado. Si, como cualquier otra empresa de cualquier otro sector, se vieran obligados a vender -liquidar- sus activos para atender los vencimientos de sus deudas, se pondría de manifiesto que, en sus balances, el activo es una pequeña fracción del pasivo. Los encargados de ocultar esto serán los gobiernos a través de sus bancos centrales.
Comenzará pues, el ajuste, que llevará tiempo debido a que cantidades ingentes de bienes de capital han quedado atrapados -incluso inservibles y despilfarrados- en las malas -o precipitadas- inversiones. La duración del proceso de ajuste dependerá de que las zarpas del Estado intervengan lo menos posible.
El periodo de expansión no hubiera continuado indefinidamente aunque los bancos centrales hubieran seguido expandiendo la masa monetaria para sostener el crecimiento exponencial de la demanda de crédito de los empresarios de bienes de inversión. Hubiera sobrevenido en tal caso, el colapso del sistema monetario (Alemania 1923, Zimbabwe 2008-09) porque todos habríamos intercambiado el dinero por bienes reales, o al menos lo habríamos intentado, ante la certeza de la hiperinflación...

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