"El dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia".
(MARTIN DE AZPILKUETA - AÑO 1556)

jueves, 20 de agosto de 2009

Inflación: ¡ojo... que el dinero no es neutro!

Imaginemos dos pequeñas comunidades con economías exactamente iguales. Por ejemplo dos ciudades o pueblos con la misma población, las mismas entidades financieras, los mismos negocios y comercios, etc, etc, etc … pero con una diferencia entre ambas: En la comunidad B circula del doble de dinero que en la comunidad A, por tanto, los precios de las mercancías y servicios son el doble en B que en A.*
Ambos pueblos están incomunicados entre sí. Son sistemas independientes.
Ahora imaginemos que el gobierno autoriza la introducción en la ciudad A de una cantidad de dinero igual a la que actualmente hay en circulación, de tal modo que se igualen las masas monetarias en ambas ciudades. O sea, para entendernos: que haya en las dos ciudades la misma cantidad de billetes y monedas.
¿Qué pasará con los precios de las mercancías y servicios en A hasta que la inyección monetaria deje de producir efectos?; es decir ¿qué pasará con los precios relativos?
¿Alguien cree realmente que todos los precios de los bienes y servicios de la ciudad A irán subiendo todos a la vez y proporcionalmente y del mismo modo todos los salarios y las rentas de todos los ciudadanos de A, hasta que todo se iguale a los precios y salarios de B y santas pascuas, todo el mundo tan contento?
Tal cosa solo sería posible si hubiera una intervención milagrosa y sobrenatural que fuera informando a cada individuo de todo el proceso en tiempo real y le dijera que saldo de tesorería debe mantener en cada momento, que compras y ventas debe realizar cada día, hora y minuto; que stock debe mantener, como se van modificando las preferencias temporales, que salario debe reivindicar en cada instante a medida que cada nueva unidad monetaria se extiende en el sistema; como debe ir variando sus cálculos, sus apreciaciones, su contabilidad……
No es posible esto, aunque al gobierno le importa un bledo que no lo sea.
Lo que sucederá es que, en el mejor de los casos, es decir, suponiendo que el dinero NO entra por el sistema crediticio, sino que por ejemplo entra a través de subvenciones directas, entonces habrá desde el minuto uno, un primer grupo de personas que tendrán más capacidad de compra, más poder adquisitivo. Después, otros individuos que vendan sus productos a aquel primer grupo podrán, también rápidamente, aumentar los precios de sus productos mientras que por otro lado, seguirán pagando lo mismo por lo que necesitan; perteneciendo por tanto, este 2º grupo al “club” de beneficiados por el aumento del dinero en circulación. A medida que el dinero nuevo se extiende, habrá grupos de personas que no habrán podido aumentar los precios de lo que venden (por falta de demanda) y sin embargo ya, en ese momento, pagarán más por los productos que compran. Es posible, por tanto, que haya precios que inicialmente bajen. Y habrá otros grupos que no se dedican a vender nada, porque por ejemplo, son pensionistas, que durante todo el proceso verán como inexorablemente se reduce su poder adquisitivo. En el mejor de los casos, al final del proceso, el gobierno dirá que el “engendro llamado IPC” ha subido un x% y les aumentará en tal proporción la pensión, aunque ellos verán con sus propios ojos y “bolsillos” que su cesta de la compra personal probablemente sea más escasa.
De modo que, debido a la inyección monetaria, unas personas se forrarán y otras se empobrecerán; se venderán más de unas cosas y menos de otras. Alguien quebrará y dejará de vender y otros al contrario. Lo que es indudable es que los precios relativos habrán variado. Y aunque el nivel general de precios resulte similar en ambas comunidades, ni los precios de los bienes serán iguales ni lo será tampoco la nueva distribución de la riqueza.
El dinero no es neutro, como bien puso de manifiesto Ludwig Von Mises.
Ni aunque repitiéramos la misma operación un millón de veces – como si se tratara de universos paralelos- jamás se conseguiría, en la ciudad A, mantener la misma distribución de la riqueza y la igualación de todos los precios y salarios con los de la comunidad B.

Bien pues … en este mundo vivimos… y sin rechistar, desde hace más de 150 años. Si usted cree que no es cierto, preguntese cuanto valía una docena de huevos hace 30 años y por qué. O pregúntese también que le parece que el valor del dinero que usted ahorra gracias su esfuerzo y sacrificio pierda poder adquisitivo porque unos "señores listísimos" no sean capaces de parar la máquina de imprimir billetes.
"La cura para la inflación, en pocas palabras,
es dejar de inflar. Es tan simple como eso".
H. Hazlitt
De la deflación ya hablaré otro día aunque puede intuirse que se trata del fenómeno contrario, es decir, una contracción monetaria (los bancos dejan de prestar) en vez de una expansión. Si bien la deflación tiene otro componente -que se suma al anterior- cuando se desarrolla como consecuencia de una recesión económica y es, la disminución del poder adquisitivo que, en términos globales se produce, al perder la gente sus empleos.
Al aparato del Estado "se le caen las bragas" solo de pensar en una deflación prolongada, ya que la carga de la enorme deuda que está contrayendo unida a una deflación prolongada significa una disminución de los futuros ingresos que , o los dedicamos a pagar deuda más intereses y nos olvidamos de los servicios públicos y esas cosas a que se dedica el Estado, o al revés. Y esto puede desembocar en bancarrota oficial. Y digo oficial puesto que oficiosamente ya lo estamos. En realidad todo occidente lo está. La deuda no puede ser pagada jamás.




*Por cada suma dineraria m de A hay una cantidad nm en B, siendo n=2. Por tanto la relación de los precios es 1:n, es decir, ½.
No hay pagos aplazados, y el dinero solo se utiliza como dinero. No tiene ningún otro uso. Ejemplo tomado de "La Acción Humana", un poco contado a mi manera.