El tipo de interés es un fenómeno que llevamos todos los humanos en nuestras cabezas, independientemente de lo que digan o hagan gobiernos y bancos centrales. Es el descuento de bienes futuros por bienes presentes. Es la tasa de preferencia temporal que determina la mayor valoración de los bienes presentes con respecto a los bienes futuros. Es la relación que existe entre la valoración que damos a satisfacer una necesidad en el presente y la valoración que damos a satisfacerla en el futuro. Cada ser humano tiene su propia valoración. En función de ella (junto a otras motivaciones psicológicas), ahorra. Y - sin intervenciones institucionales - acude al mercado (si lo hay) para ofrecer su ahorro (expresión de sus valoraciones).Como en todo mercado, de cualquier producto, en la sociedad, se desatan fuerzas que tienden a una valoración única de los bienes futuros, es decir, a un tipo de interés único, en función del ahorro (bienes presentes) ofrecido y de la demanda de créditos (demanda de bienes presentes). Luego, cuando se formalice cada crédito, habrá que añadir (sumar al tipo de interés único u originario) la parte que corresponda al prestamista (el banco), ya que todo crédito es una operación de riesgo y además el poder adquisitivo del dinero es variable (inflación-deflación). ¡Ojo!, el precio del dinero no es el tipo de interés. El precio del dinero es su poder adquisitivo. El tipo de interés es el precio de los bienes presentes en función de los bienes futuros. Si aumenta el ahorro, es decir, si aumenta la oferta de bienes presentes, su precio -el tipo de interés- tiende a disminuir. Si disminuye el ahorro, subirá el tipo de interés
Sin intervención institucional, los bancos no determinan el tipo de interés, solo acomodan éste al tipo de interés originario de la sociedad. Este tipo de interés es indestructible. Si se manipula, algo va a ir mal.
Incluso en una sociedad que crea que el fin del mundo se producirá el año que viene, permanece el tipo de interés. Permanece la mayor valoración de los bienes presentes respecto a los bienes futuros. En este caso, el tipo de interés sería altísimo (casi infinito). Si alguien los concediera, todos pediríamos créditos, por ejemplo, al 500% o al infinito% para consumir todo ahora, ya que el futuro no existe. La valoración de los bienes presentes sería infinítamente mayor que la valoración de bienes futuros.
Cuanto mas alto es el tipo de interés, significa que menos se valoran los bienes futuros y más los presentes. Sería el caso de una sociedad donde la mayoría apenas pudiera cubrir sus necesidades vitales. No existiría prácticamente el ahorro. No es que dependa una cosa de otra, es que, es la misma moneda vista por la otra cara.
Por el contrario, una valoración general de los bienes presentes sólo un poquito mayor que los bienes futuros (sin que la diferencia sea cero), es lo mismo que abundancia de ahorro (la misma moneda vista por la otra cara) y se traduce en un tipo de interés muy bajo.
Suprimir totalmente el tipo de interés, es decir que fuera cero patatero, equivaldría a una situación absurda de valorar los bienes presentes igual que los futuros, es decir, que daría igual consumir ahora que en el futuro. Daría igual palmarla que no. Sería el caso de una sociedad que fuera a proceder a un suicidio colectivo.
Cualquier banco central o gobierno que quiera suprimir el tipo de interés, primero tiene que convencer al individuo que le da igual comerse el plato de garbanzos ahora que dentro de un año.
Bien, si se acepta esto, y le añadimos como está montado el sistema - coeficiente de caja fraccionario en el sistema financiero (los bancos crean dinero de la nada dirigidos y controlados por el banco central) e impresión ilimitada de billetes por los bancos centrales que actúan como prestamistas de última instancia- entonces pues, podemos deducir que nada bueno traerá (y así ha sucedido) la manipulación artificial a la baja de los tipos de interés por periodos prolongados de tiempo:
Se hace creer a los empresarios que existe un ahorro que en realidad no existe. Es decir la sociedad está dando mayor valoración a los bienes presentes de lo que los empresarios creen, engañados por la abundancia de dinero y tipos bajos.
El tipo de interés de la sociedad, el originario (la preferencia temporal), es mayor que el establecido por el banco central. Si baja el tipo de interés (el originario), la señal que se transmite a los empresarios, es que la sociedad ha decidido posponer el consumo (ahorrar). Si el tipo de interés baja artificialmente, se sigue transmitiendo la misma señal, pero la diferencia es no hay ahorro. La sociedad no ha decidido posponer el consumo.
La sociedad está transmitiendo el mensaje de que necesita bienes para su consumo ahora, hoy; no puede o no quiere posponer el consumo porque tiene necesidades mas urgentes hoy; y sin embargo, gobiernos, bancos centrales y las entidades bancarias transmiten el mensaje contrario.
Los empresarios se embarcarán en proyectos que al final no podrán culminarse o no tendrán salida. Si las autoridades monetarias respetaran el tipo de interés de la sociedad, el originario, acabaríamos con los denominados ciclos económicos y las depresiones (salvo las causadas por guerras o catástrofes naturales).
Las familias e individuos dejarán de consumir la totalidad de sus ingresos cuando tengan cubiertas sus necesidades más urgentes y ahorrarán cuando estén dispuestos a gastar en el futuro de acuerdo con sus preferencias temporales. En este último caso, quedarán entonces suficientes bienes de consumo invendidos (ahorro) que serviran como sustento entretanto lleguen al mercado los nuevos productos procedentes de los nuevos proyectos emprendidos. (En una sociedad de libre mercado, este ahorro que en primer término se manifiesta en bienes de consumo, progresivamente se transforma en bienes intermedios de orden superior)
Este capital ahorrado -reflejo de recursos reales ahorrados - se pone a disposición de los emprendedores para que se embarquen en proyectos de procesos productivos mas largos y de mayor productividad, pero solo por el tiempo que la sociedad misma decide y que se expresa en el tiempo que pone a disposición (de los bancos) su ahorro.
Los empresarios actuan de acuerdo con la preferencia temporal de los consumidores (de toda la sociedad) y el mecanismo de transmisión de la preferencia temporal es el tipo de interés, y el volumen o flujo de ahorro; mecanismo éste que gobiernos y bancos centrales se empeñan en distorsionar. Falsifican las señales que reciben los emprendedores haciéndoles creer que se han liberado recursos (ahorro) que pueden ser empleados en nuevos proyectos de inversión.
Hay por tanto, una reducción voluntaria del consumo para poder aumentar los bienes de capital. Es decir, solo en este caso, los proyectos de los empresarios tendrán salida o podrán culminarse con éxito, puesto que hay recursos reales; es decir, suficiente suministro de bienes de consumo, recursos naturales, bienes intermedios, materias primas, etc, mientras se ejecutan las nuevas inversiones. Y por último, la sociedad, digamos, podrá "pagarlos" (si las inversiones han sido acertadas), puesto que existe un flujo constante de "ahorro devuelto" incrementado por el interés originario materializado en nuevos, de más calidad, y más abundantes bienes y servicios. O dicho de otra forma: salarios reales más elevados, más bienes de capital por habitante.

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