"El dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia".
(MARTIN DE AZPILKUETA - AÑO 1556)

viernes, 19 de febrero de 2010

El curioso caso de "Benjamin Zapateruton"

"A CONSUMIR"
Compañeros, a trabajar y también conviene que consumáis.
Así se despidió Zapatero de sus compañeros militantes, como puede verse en este video.




No les dice: “Compañeros a ahorrar”. Les dice: “Compañeros, a consumir”.
Incluso en muchos foros he leído a foreros que dicen, que la gente que no ha perdido el trabajo en esta crisis, debería aumentar su consumo … por solidaridad ¿¿¿???.
Veamos:
A primera vista, si la demanda de bienes de consumo aumenta, las empresas producirán más y por tanto contratarán más trabajadores y ampliarán sus equipos de producción.

En principio, esto, a la mayoría de la gente, le parece razonable.
Y si el sector privado no lo hace, debería ser el sector público quien gaste más, para incentivar el consumo.

Pero a poco que nos pongamos a pensar podemos ver que esto no cuadra, no solo por comprobación empírica, (la demanda de bienes de consumo y materias primas fué máxima a finales del 2007 y sin embargo, la demanda de los bienes de inversión -los de la burbuja- estaba cayendo yá en picado; y el famoso PLAN E de ZP , ha destruido todos los empleos que ha creado), sino porque el razonamiento contiene graves errores lógicos.

Si fuera como ZP cree, la demanda de bienes de consumo aumentaría a la vez que la demanda de bienes de inversión (de producción) y como acabamos de decir, en 2007 la demanda de bienes de consumo ya estaba variando de forma inversa a la de inversión.
Esto es, según ZP: al panadero le demandan más pan, de modo que, encarga la fabricación de otro horno y contrata más trabajadores.
El pan es el bien de consumo y el horno el bien de inversión.
La demanda de pan aumenta y la demanda de hornos también. Tanto para fabricar el horno como para despachar más pan se necesita más factor trabajo. Así que todo el mundo tan contento. El ahorro y el factor tiempo no existen y santas pascuas.
Pero lo que zapatero está pidiendo es más consumo a todo el mundo (empresarios y trabajadores) y eso incluye también al panadero. Y si éste consume toda su renta (aumenta la proporción de consumo), no podrá reponer el horno cuando quede inservible u obsoleto.
Podrá quizás, aumentar la producción por un tiempo, pero, todo tiene un límite. El horno del panadero tiene su propia frontera de posibilidades de producción a partir de la cual empezará a “sufrir achaques” y a echar humo por sobrecarga de trabajo. Y antes llegará el momento de la reposición. Eso, sin mencionar, que tanto para fabricar pan (bienes de consumo) como para fabricar hornos (bienes de inversión) se necesita, más energía y más materias primas (bienes no específicos), por lo que la demanda de éstos aumentará dóblemente, puesto que hay más demanda de bienes de consumo y más demanda de bienes de inversión a la vez. Pero para aumentar la producción de energía y materias primas, previamente, se necesita dedicar tiempo, recursos y trabajo. Si previamente no se han producido estos bienes no específicos, necesarios para producir bienes de inversión, habrá que arrebatarselos a los empresarios de la producción de bienes de consumo. Así que para aumentar la inversión habrá que reducir el consumo.
Entonces, la demanda de bienes de consumo variará en sentido inverso a la demanda de bienes de inversión. Para que ésta aumente, aquella ha de disminuir. Es decir, lo contrario de lo que cree ZP.

Si el panadero es propietario del horno, es un capitalista, puesto que el horno es un bien de capital. Todos los bienes de inversión son bienes de capital puesto que sirven para producir otros bienes.

El panadero debe cuidarse muy mucho de no consumir su propio capital –el valor monetario de su horno- puesto que se quedaría sin ingresos en el futuro.
Para conservar su capital –y aumentarlo- debe ahorrar.
Su horno no es más que una máquina. Con el tiempo, quedará inservible por haber agotado su vida útil. Si gasta absolutamente todos los ingresos de la venta de pan, al final, cuando el horno se descacharre, no podrá reponerlo. Si quiere conservar y/o aumentar su capital deberá ahorrar valiéndose del cálculo económico para reponer su equipo de producción. Es una decisión suya y solo suya.
Pero para ahorrar es necesario que reduzca el consumo. Si el panadero no ha ahorrado y nadie lo ha hecho, no podrá reponer el horno y entonces no solo él, perderá su capital, sino que el conjunto de la sociedad también lo perderá. Todos nos quedaremos sin un horno que nos está prestando un gran servicio.
Por el contrario, si alguien ha ahorrado, entonces el panadero podrá pedírselo prestado y de esta forma, aunque la riqueza del panadero no sea la misma, la de la sociedad sí lo será, puesto que se podrá reponer el horno y proporcionarnos pan en el futuro. Ese alguien que ha ahorrado, previamente, ha tenido que haber reducido voluntariamente su consumo.
Si todos han ahorrado un poquito pero no lo suficiente individualmente, el panadero puede pedir prestado a todos (a través del sistema financiero).
Si todos han ahorrado, esto implica, que previamente habrán tenido que reducir su consumo.
Aún así, nos quedaremos sin pan mientras se construye el nuevo horno, a no ser que un tercero, anticipando las necesidades futuras, haya invertido su ahorro y/o el de los demás, en la fabricación de un horno, que incluso, pueda ser muy superior al antiguo (nuevos bienes de inversión), capaz de producir muchas más unidades en menos tiempo y con menos coste.
La gente piensa en el ahorro como ahorro en dinero. Pero para una mejor visualización de todo este proceso, quitemos de la cabeza por un momento el medio de cambio indirecto, el dinero, e imaginemos el ahorro como lo que realmente es, desde un punto de vista social global: bienes que no se consumen de inmediato que sirven para cubrir el periodo de tiempo de fabricación de otros bienes de orden superior que a su vez servirán para producir nuevos bienes de consumo en mayor cantidad que antes, o mejores, en el sentido de que poseen mayor capacidad para eliminar malestar (o proporcionar bienestar). El ahorro es la oferta de bienes presentes. Ahorrar es renunciár a consumir en el presente para hacerlo en el futuro. Implica pues, un sacrificio.

En una primitiva y pequeña comunidad autárquica que vive de la tierra, el ahorro consiste únicamente en bienes de primera necesidad que cubren el periodo de producción hasta que llega la siguiente cosecha. En una compleja sociedad de división del trabajo (y del conocimiento), el ahorro se va transformando. En principio, los bienes de primera necesidad sirven para subsistir mientras se trabaja en la producción de nuevos bienes intermedios. Posteriormente ambas categorias de bienes ahorrados se emplearían en la producción de nuevos bienes intermedios de orden superior, y así sucesivamente. Este es el proceso de acumulación de bienes de capital.
Dicho sea de paso, acabamos de describir la diferencia fundamental entre los paises ricos y pobres: la cantidad de bienes de capital por habitante.

Bien, vemos pues, que la demanda de hornos solo puede aumentar si previamente disminuye el consumo corriente. Las cosas son así de tozudas. ¡Que le vamos a hacer! No se puede ahorrar gastando más, lo mismo que uno no se cae hacia arriba.

Lo que proporciona el extraordinario flujo creciente de nuevos bienes de consumo cada vez mejores y más baratos es el haber acertado en la inversión del ahorro. Y los únicos capaces de certificar tal acierto, son los consumidores, cuando compran o dejan de comprar.

Bien, hemos visto que, para aumentar la inversión, y por tanto para conservar y acumular capital, previamente hay que ahorrar y por ende reducir el consumo. De manera que la demanda de bienes de inversión se mueve en sentido inverso a la demanda de bienes de consumo.
Esto es así hasta que llega un gobernante, mete su torpe pezuña y rompe este delicado equilibrio, pretendiendo sustituir el ahorro por cantidades adicionales de dinero (medios de pago), sin advertir que existe este mecanismo –teoría del capital- a través del cual, más temprano que tarde, un aumento en la demanda de bienes de consumo nos lleva a una disminución de la demanda de bienes de inversión. Así que con su torpe zarpa estará empobreciendo a toda la sociedad, puesto que provoca un decrecimiento de los bienes de capital por habitante.

Siguiendo a Hayek: “si fuera verdad que un aumento de la demanda de bienes de consumo conduce siempre a un incremento de la inversión, la consecuencia sería que cuanto con más urgencia se demandaran bienes de consumo, más caería su oferta. Más y más factores serían trasvasados a la producción de bienes de inversión, y al final, como la demanda de bienes de consumo llegaría a ser de una gran urgencia, no se produciría ningún bien de consumo.

Este es el absurdo a que conduce este razonamiento". Queda clara pues, la contradicción lógica.
Es un poco complicado rejuvenecer a medida que pasa el tiempo, como en el film de Brad Pitt. "Cosas de Benjamin Zapateruton".