El dinero es uno de los mayores instrumentos de libertad que jamás haya inventado el ser humano (Hayek).El dinero no es más que un medio de intercambio indirecto. Si todas las remuneraciones en vez de ser ofrecidas en dinero, se ofrecieran de otro modo, por ejemplo, en forma de mejor alimentación, mejor alojamiento, viajes, educación, sanidad, distinciones públicas, privilegios, tiempo para ocio, situaciones de poder… etc.; ello supondría que al perceptor de la remuneración se le esfuma la capacidad de elegir. El pagador o remunerador sería el que determinase la forma en que habrían de disfrutarse. El móvil económico no es más que un medio para la consecución de los fines de cada ser humano, es decir, estrictamente, en realidad no hay móvil económico, sino, factores económicos que condicionan el alcance de nuestros fines. Para hacernos una idea de que realmente el dinero es un formidable instrumento de libertad solo hemos de imaginar que todas- y digo TODAS- las remuneraciones se pagaran en “vales de tiempo”, como sucedería en una sociedad que se organizara totalmente como en el siguiente enlace referido a los bancos de tiempo actuales:
http://txistorradigital.blogspot.com/2009/05/banco-del-tiempo-en-el-casco-viejo.html.
La inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie somos gente sensata, con sentido común que sabemos lo que cuesta ganar un euro y el sacrificio que supone dejar de consumir para tener unos ahorros por si pintan bastos en el futuro. Incomprensiblemente, en lo que se refiere al conocimiento de la relación existente entre la cantidad total de dinero, el paso del tiempo y los bienes que producimos, nos desinteresamos de los manejos de los burócratas, porque tal vez, nos parece asunto de gente que entienda. No es así. Ellos no entienden nada, al menos, no más que usted o yo. Nadie es capaz de predecir en tiempo y forma el efecto de las intervenciones monetarias. Ni falta que hace, por que la mejor política monetaria es no crear la necesidad de ninguna política monetaria. Además, en tanto las neuronas de todos los actores económicos, (empresarios, trabajadores y consumidores), no estén conectadas a un enorme servidor central en tiempo real, la información que obtengan no será completa ni actual, siempre llevará retraso, muchísimo retraso y aunque se llegara a conseguir eso o algo similar con avances tecnológicos, necesitarían también un traductor de información subjetiva a objetiva, y peor aún, esas mismas medidas distorsionarían la generación de la información que necesitan. Por tanto, las consecuencias de las medidas monetarias aplicadas serán siempre como son ahora, incontrolables e imprevisibles. Lo marcado en negrita, en realidad es aplicable a la práctica totalidad de las intervenciones económicas.
Hemos entregado el monopolio del dinero a los Estados y su administración ha resultado catastrófica. Hemos perdido libertad. Nos han hecho dependientes de ellos. Nos han construido un sistema similar a esos juegos en que se derriba la primera pieza y a continuación cae toda la fila, y ahora nos toca pringar a todos para ponerlo de nuevo en pié. Muy bien, pero ¿vamos a reconstruir lo mismo que se ha caído?. Es hora de arrebatarles el monopolio. Es tan sencillo como que el Parlamento Europeo, controle, someta a debate con luz y taquígrafos, y en su caso, desautorice, la creación –física o electrónica- de un solo euro de más que solicite poner en circulación el Banco Central (BCE), y que todos lo veamos por TV, que nos expliquen por qué y para qué se necesita imprimir un solo billete más. Y la prohibición absoluta de que los bancos puedan crear dinero de la nada, imponiéndoles un coeficiente de caja del 100% para depósitos a la vista.Ya está. A continuación ya no serían necesarios los propios bancos centrales.
Con estas sencillas modificaciones de unas pocas leyes, no se acaba con la codicia humana, pero se elimina la nefasta interdependencia de todo el sistema bancario, se acaba con todos los engendros financieros que enmascaran contratos de depósito a la vista, y se termina la manipulación del dinero y el crédito por políticos y burócratas.

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