(Imagina un plano medio. Antonio García-Trevijano mira
fijamente a la cámara, con su habitual tono enérgico, rotundo, sin titubeos ni
concesiones retóricas. Comienza a
hablar con absoluta lucidez):
«Buenas noches.
Lo que España está viviendo hoy con el
llamado "caso Zapatero" no es un escándalo aislado, ni un fallo ético
de un individuo, ni una manzana podrida. Es, única y exclusivamente, la
demostración empírica y matemática de lo que llevo décadas denunciando: en una
partitocracia, la corrupción no es un vicio del sistema; la corrupción es el
sistema. Es el factor de gobierno indispensable para que el régimen de partidos
no se desmorone.
¡Miren los hechos! El ciudadano español se escandaliza
porque ve a un expresidente del Gobierno investigado por organización criminal,
tráfico de influencias y blanqueo de capitales a escala internacional. Se
preguntan cómo es posible que hayamos llegado a esto.
Yo les digo: era inevitable.
En España no hay democracia porque no hay separación de poderes ni representación política (no hay elección directa de diputados por distritos uninominales ni elección directa a jefe del ejecutivo). Al no haber separación de poderes, el jefe del partido que gana las elecciones nombra también al órgano de gobierno de los jueces, controla el Tribunal Constitucional y la Fiscalía e intenta el control total del Tribunal Supremo y de todo el sistema judicial.
¿Quién iba a investigar a Zapatero en España? ¡Nadie! El sistema está
diseñado para la impunidad cruzada de la oligarquía de partidos.
Por eso, el primer intento de juzgar el rescate de esa
aerolínea fantasma Plus Ultra, fue archivado rápidamente por los tribunales
españoles. La partitocracia activó su escudo de protección.
¿Y por qué ha estallado ahora? ¡Por pura vergüenza
internacional! Ha tenido que venir la justicia de Francia, de Suiza y los
servicios de inteligencia de Estados Unidos a destapar el botín. Ha tenido que
ser el extranjero el que obligue a la Audiencia Nacional a actuar, porque los
jueces de fuera no dependen de los favores ni de los nombramientos del Palacio
de la Moncloa.
El régimen español carece de anticuerpos; es un cuerpo
podrido que solo reacciona cuando el exterior le propina un golpe
incontestable. El comisionismo de partido, que antes se conformaba con
recalificaciones de terrenos locales, se ha globalizado. Se ha convertido en
diplomacia mercantilista y tráfico de oro con tiranías extranjeras.
¿Y dónde estaba la prensa? ¿Dónde estaban esos periodistas
que se autodenominan el "cuarto poder"? Anestesiados, comprados y
sometidos por el presupuesto nacional. En España no hay apenas prensa libre
porque los medios oficiales no viven de sus lectores, viven de las
subvenciones, de la publicidad institucional y del dinero público que los
partidos les reparten para mantenerlos sumisos. Han estado años silenciando los
indicios, persiguiendo al que denunciaba, llamando "conspiración" a
lo que era una obviedad delictiva. Y hoy, cuando la policía judicial entra en
los despachos y la verdad internacional les estalla en la cara, fingen
sorpresa. No están sorprendidos, están asustados porque se les cae el relato
con el que engañan al pueblo.
Todo lo que la UDEF describe hoy en sus informes, a iniciativa de Suiza, Francia y los EEUU, es la
radiografía de la partitocracia: el uso del aparato del Estado para el
enriquecimiento de una facción de la oligarquía. No busquen soluciones dentro
de este régimen. Ni este gobierno, ni la oposición, ni estos jueces van a
regenerar nada, porque todos comen del mismo plato.
La única salida real y posible es reformar profundamente las reglas del juego para que la corrupción deje de ser sistémica y se convierta en lo que siempre debió ser: un delito individual perseguible.
En un sistema donde
el jefe del Ejecutivo fuera elegido directamente por los ciudadanos, donde los
diputados se eligieran por distritos uninominales a doble vuelta —de modo que cada
representante rinda cuentas personalmente ante sus electores y no ante el
aparato del partido—, y donde el Legislativo controlara realmente al Ejecutivo
y viceversa, con la posibilidad de disolverse mutuamente, pero solo a condición
de disolverse a sí mismos y someterse inmediatamente al veredicto del pueblo.
En ese sistema, la corrupción individual seguiría existiendo —porque es
inevitable que haya hombres débiles—, pero dejaría de ser el factor de
gobierno, el lubricante indispensable del poder. Se convertiría en un riesgo
alto y aislado, perseguido de verdad, porque los poderes estarían separados y
en permanente control y rendición de cuentas ante los ciudadanos. Ese es el
camino de una verdadera República Constitucional. No se trata de derribar España,
se trata de rescatar por fin la soberanía del pueblo.»
Buenas noches.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Ver:
https://la-accion-humana.blogspot.com/2025/05/corrupcion-politica-por-antonio-garcia.html
https://la-accion-humana.blogspot.com/2025/06/son-las-cinco-y-no-he-comido-yo-estoy.html


No hay comentarios:
Publicar un comentario