Los seres humanos no son plantas ni ganado; son agentes con propósitos, que se plantean fines y emplean medios para alcanzarlos. Como expuse en mi artículo de 2009 (blog La Acción Humana), la preferencia temporal refleja una verdad fundamental de la naturaleza humana: los individuos buscan siempre satisfacer sus objetivos lo antes posible, valorando más la realización inmediata que la futura. Esta preferencia no es un capricho, sino el motor que impulsa la acción humana, desde ahorrar para el futuro hasta alquilar una vivienda. Los seres humanos valoran más los bienes presentes respecto a los bienes futuros. Pretender suprimir la preferencia temporal mediante controles de precios, como los impuestos en el mercado de alquiler español —dominado por pequeños propietarios—, es no solo un error económico, sino un acto criminal contra la esencia de la humanidad. Es utilizar a los seres humanos como medios para el cumplimiento de los fines de la clase gobernante. En términos de Friedrich Hayek, es la fatal arrogancia de gobiernos que se creen omnipotentes.
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jueves, 15 de mayo de 2025
LA FATAL ARROGANCIA DE SUPRIMIR LA PREFERENCIA TEMPORAL EN EL MERCADO DE LA VIVIENDA
sábado, 10 de mayo de 2025
POLÍTICA, CIENCIA Y CAMBIO CLIMÁTICO, UNA DISTINCIÓN NECESARIA (EL GRAN APAGÓN)
Estos días, después del gran apagón, científicos conocidos por sus posturas decrecentistas (no diré nombres aquí), insisten en advertir sobre la necesidad de transformar los sistemas energéticos para contrarrestar los impactos del cambio climático. (Algunos han calificado de "codiciosas" las acciones -previas al apagón- de las grandes energéticas). Muchos físicos comparten este diagnóstico científico sobre el calentamiento global (ahora cambio climático) y el rol humano en este fenómeno. Sin embargo, aceptar la ciencia no implica respaldar las propuestas políticas de estos científicos (tales como el cierre de centrales nucleares, la eliminación progresiva de las centrales de ciclo combinado o, incluso, la disminución del consumo energético). Estas medidas son programas específicos de políticas estatales, no hechos científicos. Ciencia y política son ámbitos distintos, y confundirlos puede llevar a decisiones costosas, ineficaces y/o traumáticas.
Una analogía ilustra esta distinción. La ciencia demuestra que la obesidad es perjudicial para la salud. Supongamos que, ante el aumento de la obesidad, políticos firman una "Agenda contra la Obesidad", afirmando que su cumplimiento evitará una crisis sanitaria global. ¿Implica esto que quienes no firmen la Agenda niegan la existencia de la obesidad? No. Los disidentes podrían argumentar que la Agenda no reduce efectivamente la obesidad, que sus costos superan los beneficios o que las medidas propuestas son peores que el problema. Su oposición se centra en la política, no en la ciencia.
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lunes, 7 de abril de 2025
TRUMP’S TARIFFS, THE GOLD STANDARD, GLOBALIZATION, AND MONETARY SOCIALISM
Saturday, April 5, 2025
TRUMP’S TARIFFS, THE GOLD STANDARD, GLOBALIZATION, AND MONETARY SOCIALISM
How the U.S. Reached Its Current Point According to the Trump Administration and Its Ideological Circle
The ideological circle surrounding Trump describes how the United States arrived at its current situation based on the following sequence of economic events:
Since World War II, the U.S. spearheaded a process known as globalization. Countries with previously closed markets worked to open and integrate their economies, driven by technological advancements in communication and transportation as well as political decisions aimed at eliminating trade barriers and fostering international partnerships. The motivations behind this opening were as follows: Economically, the Theory of Comparative Advantage suggests that if each nation specializes in producing what it can do most efficiently, the resulting trade will benefit everyone. Politically, especially after World War II and during the Cold War, the United States sought to strengthen anti-communist alliances. Granting access to the U.S. market was deemed critical and, later, integrating former Soviet countries and China into the global economic system was seen as a way to promote their liberalization and democratization. As Thomas Friedman put it: “Countries with McDonald’s never go to war with each other.” “If we’re all so economically dependent on one another, we’ll have to find a way to get along, and that’s the policy we’ve been pursuing.” However, these theories didn’t materialize as expected. China strengthened its economy, yes, but it didn’t democratize; on the contrary, it also bolstered the Chinese Communist Party (CCP) and its military power, often exploiting the system it was integrated into at the expense of the nations that promoted its inclusion. Economically, instead of a balanced exchange of goods, many industries moved out of the United States. Supply chains shifted from the U.S. to countries that implemented policies to attract manufacturing, resulting in significant trade deficits for the United States. This led to the loss of industrial bases and the transfer of national assets abroad, mortgaging future economic prosperity in exchange for cheaper goods. Economists like Paul Krugman argued that trade deficits would self-correct. When this didn’t happen, others suggested it didn’t matter, as the primary goal was to maximize consumption. This perspective overlooked critical aspects like job quality, the trajectory of innovation, and national security. Globalization hasn’t worked as anticipated. It has harmed many communities and workers. It’s essential to reconsider and reverse some of these policies. Thus, the Trump Administration reflects a rejection of the globalization model that dominated for so long and failed to meet expectations.
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