LOS VIEJOS ROCKEROS SE ESTÁN CARGANDO EL ROCK
La agonía del rock no es culpa de la falta de guitarras,
sino de quienes las sostienen. Hoy, el rock no está muriendo por falta de
calidad, sino por un exceso de complacencia y una desconexión total con la
realidad juvenil. El género que nació para joder al sistema ahora es el puto
sistema: complaciente, desconectado y oliendo a naftalina.
Las bandas consagradas hace lustros que perdieron el contacto con la realidad de los chavales. Siguen repitiendo las mismas consignas de hace 30 años mientras la juventud de hoy vive en un mundo completamente distinto. Y lo peor: existe una notable desconexión ideológica. Para muchos jóvenes, la retórica "progresista" y "woke" de estas bandas huele a falsa rebeldía, a sermón moral barato de abueletes que ya comen en la mesa de los poderosos globalistas. Ese apesebramiento en la cultura oficial choca de frente con una generación que odia el puritanismo progre y la corrección política predecible y busca algo más crudo, más honesto, aunque sea en otros lados.
Otros géneros les están comiendo el terreno a dentelladas al rock:
hablan sin filtro de lo que realmente les quema por dentro, sin pedir permiso
ni dar lecciones de moralidad. El rock, en cambio, se ha convertido en un museo
viviente que da más pena que miedo.
El verdadero drama no es la falta
de calidad musical: es la cobardía absoluta para reinventarse y, sobre todo,
para mirarse al espejo y reconocer una puta vida entera de equivocación
ideológica. Muchos de los grandes (y no tan grandes) viejos rockeros siguen
aferrados a las banderas progresistas que clamaban en los 80 y 90, cuando esas
mismas políticas que tanto defendieron han demostrado su fracaso estrepitoso en
la vida real. No tienen huevos para admitir que el verdadero libertarismo —el
de la libertad individual sin tutelas ni sermones de Estado— es lo que hoy
resuena con más fuerza entre los jóvenes, que no están dispuestos a dejarse censurar por millonarios progres. A diferencia de lo que hicieron, en otras areas, grandes estandartes como Escohotado (más rojo que la muleta de un torero),
Doris Lessing ó Deirdre McCloskey, quienes reconocieron sus errores
ideológicos, la mayoría de viejos rockeros prefieren seguir dando lecciones
caducadas desde su pedestal antes que bajarse y reconocer que se equivocaron de
cabo a rabo. Y por esa cobardía, el rock se está muriendo… no de viejo, sino de
vergüenza ajena y de hipocresía acumulada.
¡Mekagüentodo!

No hay comentarios:
Publicar un comentario