
Uno se da una vuelta por la blogosfera (Rebelión.org, Attac … etc) y por docenas de foros y páginas web, y la verdad es que se sale con la moral por los suelos.
Muchos, después de todo lo que ha llovido, siguen igual que hace 100 años. Pretenden la implantación del socialismo.
No tienen ni puta idea –con perdón- de economía, ni desean tenerla. Es necesario, dicen, la implantación del socialismo para lograr una justa redistribución de la riqueza. Pretenden sustituir un sistema por otro y sin embargo siguen sin plantearse la única cuestión que de verdad interesa: ¿Cómo funciona en la práctica?
Debemos recordar, aprovechando el próximo 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, que el socialismo es imposible porque elimina el cálculo económico. Los denominados “socialismo real” o “nacionalsocialismo” fueron catastróficos y ruinosos para las poblaciones que los padecieron. En ambos tipos –germánico y soviético-, salarios, precios*, producción y tipos de interés estaban complétamente dirigidos. Bajo tal sistema, NO ES POSIBLE EL CÁLCULO ECONÓMICO.
¡A ver si se enteran de una vez! La verdadera causa de que tal sistema no funcionara no fué el derramamiento de sangre a raudales, ni la aniquilación total de la libertad, ni los gulags o los campos de concentración nazis (que no es poco), ni que haya tantos socialismos como potenciales jerarcas o führers socialistas se presenten como candidatos. NO.
La verdadera causa es que, si se suprime el sistema de precios del libre mercado, se imposibilita el cálculo económico. No hay forma de averiguar costes, no es posible comparar, ni contrastar ni elegir. Es la completa oscuridad.
La información que proporcionan los precios es imposible que pueda ser aprehendida por un órgano compuesto de seres humanos, que pretenda dirigir o planificar la economía. Es enorme, está dispersa, es subjetiva, depende de los propios fines de cada persona y de juicios de valor individuales y constantemente se crea.
El mecanismo de expresión de tal información es el sistema de precios del libre mercado. Sin precios no hay cálculo económico y sin éste, paradójicamente es imposible planificar. No es posible averiguar de entre los múltiples medios, cuales son los más idóneos para alcanzar los objetivos deseados. Es preciso reducir a un denominador común, a datos numéricos racionales, la enorme cantidad de información de los miles de millones de factores de producción. Sin cálculo económico no es posible ensamblar nada en esta complejísima sociedad de división del trabajo (o división del conocimiento).
Si a pesar de ello nos lanzamos a la piscina sin agua, y el órgano supremo que planifica, toma la decisión de producir determinados bienes, entonces, el jerarca o director económico de cualquier campo o sector de la supuesta sociedad ideal, deberá dilucidar, con los siempre escasos bienes de capital disponibles, si va a incrementar el bienestar general o por el contrario, dilapidará capital, dejando desatendidas necesidades más urgentes. Deberá determinar que recursos u
tiliza para las necesidades presentes y cuales dedica a las futuras. De nuevo el problema es que carece de la información necesaria. Son los juicios de valor individuales los que determinan la cantidad de tiempo que se debe asignar a procesos de producción más largos o más cortos. Es decir, son los juicios de valor individuales expresados en los precios del mercado, los que determinan el valor de los bienes presentes frente a los bienes futuros.
Debemos recordar, aprovechando el próximo 20 aniversario de la caída del muro de Berlín, que el socialismo es imposible porque elimina el cálculo económico. Los denominados “socialismo real” o “nacionalsocialismo” fueron catastróficos y ruinosos para las poblaciones que los padecieron. En ambos tipos –germánico y soviético-, salarios, precios*, producción y tipos de interés estaban complétamente dirigidos. Bajo tal sistema, NO ES POSIBLE EL CÁLCULO ECONÓMICO.
¡A ver si se enteran de una vez! La verdadera causa de que tal sistema no funcionara no fué el derramamiento de sangre a raudales, ni la aniquilación total de la libertad, ni los gulags o los campos de concentración nazis (que no es poco), ni que haya tantos socialismos como potenciales jerarcas o führers socialistas se presenten como candidatos. NO.
La verdadera causa es que, si se suprime el sistema de precios del libre mercado, se imposibilita el cálculo económico. No hay forma de averiguar costes, no es posible comparar, ni contrastar ni elegir. Es la completa oscuridad.
La información que proporcionan los precios es imposible que pueda ser aprehendida por un órgano compuesto de seres humanos, que pretenda dirigir o planificar la economía. Es enorme, está dispersa, es subjetiva, depende de los propios fines de cada persona y de juicios de valor individuales y constantemente se crea.
El mecanismo de expresión de tal información es el sistema de precios del libre mercado. Sin precios no hay cálculo económico y sin éste, paradójicamente es imposible planificar. No es posible averiguar de entre los múltiples medios, cuales son los más idóneos para alcanzar los objetivos deseados. Es preciso reducir a un denominador común, a datos numéricos racionales, la enorme cantidad de información de los miles de millones de factores de producción. Sin cálculo económico no es posible ensamblar nada en esta complejísima sociedad de división del trabajo (o división del conocimiento).
Si a pesar de ello nos lanzamos a la piscina sin agua, y el órgano supremo que planifica, toma la decisión de producir determinados bienes, entonces, el jerarca o director económico de cualquier campo o sector de la supuesta sociedad ideal, deberá dilucidar, con los siempre escasos bienes de capital disponibles, si va a incrementar el bienestar general o por el contrario, dilapidará capital, dejando desatendidas necesidades más urgentes. Deberá determinar que recursos u
tiliza para las necesidades presentes y cuales dedica a las futuras. De nuevo el problema es que carece de la información necesaria. Son los juicios de valor individuales los que determinan la cantidad de tiempo que se debe asignar a procesos de producción más largos o más cortos. Es decir, son los juicios de valor individuales expresados en los precios del mercado, los que determinan el valor de los bienes presentes frente a los bienes futuros.Sin embargo, las docenas de miles de informes que docenas de técnicos puedan poner sobre la mesa de su despacho, todos ellos indudablemente muy científicos, no le sirven para nada, puesto que no contienen precios.
Los precios son índices de escasez de los recursos disponibles, creados por la conjunción de múltiples juicios de valor (por tanto: subjetivos) de cada miembro de una economía de mercado. Sin precios, no hay forma de contrastar aritméticamente costes y resultados. Es la ruina; la dilapidación masiva de recursos materiales y humanos. Supondría el retroceso varios siglos atrás y por tanto la muerte de miles de millones de seres humanos. Tan solo es posible mantener el sistema a duras penas mientras subsista una economía de mercado internacional.
Hordas de supuestos economistas y escritores han tratado de solucionar burdamente este problema del cálculo económico bajo un régimen socialista, a saber:
- Cálculos en especie que suman y restan cantidades heterogéneas ¿?.
- La hora trabajo como unidad de medida y cálculo ¿?
- Método de prueba y error ¿?.
- La unidad es una cierta cantidad de “utilidad” ¿?.
- Ecuaciones diferenciales que determinen la producción en “equilibrio” ¡¡¡!!!.
- Establecimiento de un cuasi-mercado ¿?.
No voy a detenerme ahora a examinar estas ridículas soluciones porque alargaría demasiado la entrada (hay libros en los que documentarse).
Lo que sí es preciso denunciar, es que el intervencionismo actual de los gobiernos de los estados occidentales está descojonando el cálculo económico. La imposición de una moneda de curso legal sin respaldo metálico, y la expansión crediticia orquestada por los bancos centrales es un potente narcótico que crea la alucinación consistente en que la oferta de los factores de producción (capital, trabajo y recursos naturales) parecen estar en oferta infinita. La realidad es un lamentable espejismo fiduciario. Cada ciertos años nos encontramos con la crisis, el batacazo económico o la depresión. El dinero prestado no se devuelve. La mayor parte se ha creado como deuda, y ésta queda impagada. La oferta monetaria se contrae, puesto que el dinero se destruye, tanto si la deuda queda impagada como si, el dinero -fiat- de la que pueda resultar pagada, no se pone de nuevo en circulación mediante nuevos créditos.
Hordas de supuestos economistas y escritores han tratado de solucionar burdamente este problema del cálculo económico bajo un régimen socialista, a saber:
- Cálculos en especie que suman y restan cantidades heterogéneas ¿?.
- La hora trabajo como unidad de medida y cálculo ¿?
- Método de prueba y error ¿?.
- La unidad es una cierta cantidad de “utilidad” ¿?.
- Ecuaciones diferenciales que determinen la producción en “equilibrio” ¡¡¡!!!.
- Establecimiento de un cuasi-mercado ¿?.
No voy a detenerme ahora a examinar estas ridículas soluciones porque alargaría demasiado la entrada (hay libros en los que documentarse).
Lo que sí es preciso denunciar, es que el intervencionismo actual de los gobiernos de los estados occidentales está descojonando el cálculo económico. La imposición de una moneda de curso legal sin respaldo metálico, y la expansión crediticia orquestada por los bancos centrales es un potente narcótico que crea la alucinación consistente en que la oferta de los factores de producción (capital, trabajo y recursos naturales) parecen estar en oferta infinita. La realidad es un lamentable espejismo fiduciario. Cada ciertos años nos encontramos con la crisis, el batacazo económico o la depresión. El dinero prestado no se devuelve. La mayor parte se ha creado como deuda, y ésta queda impagada. La oferta monetaria se contrae, puesto que el dinero se destruye, tanto si la deuda queda impagada como si, el dinero -fiat- de la que pueda resultar pagada, no se pone de nuevo en circulación mediante nuevos créditos.
Siguiendo a F. Suarez, "los bancos centrales comienzan entonces la batalla contra el colapso del sistema financiero y monetario. Por un lado inyectando más liquidez -de la nada- para compensar la contracción, y por otro, con la coautoría de bancos de inversión y en general, de todo el sistema financiero, con manipulaciones en el precio del oro, petróleo, materias primas o en cualquier cosa susceptible de constituir un indicador por sí mismo al objeto de que nadie pueda tener referencia alguna en la que poder confiar para medir el verdadero valor o poder adquisitivo de las monedas fiduciarias, así como que nadie pueda escapar a la fragilidad de todo el sistema financiero".
Esto es realmente, cargarse poco a poco el cálculo económico. Y ya sabemos a que conduce eso. Lo puso de manifiesto L. V. Mises en 1920.
*Esos precios no son verdaderos precios en el sentido que todos conocemos en la economía de mercado. Son meras unidades cuantitativas carentes de contenido.
Esto es realmente, cargarse poco a poco el cálculo económico. Y ya sabemos a que conduce eso. Lo puso de manifiesto L. V. Mises en 1920.
*Esos precios no son verdaderos precios en el sentido que todos conocemos en la economía de mercado. Son meras unidades cuantitativas carentes de contenido.

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