En la falacia del
cristal roto de Frédéric Bastiat (incluida en su ensayo "Lo que se ve y lo que no se ve"), la gente se fija solo en lo visible: el
dinero que el vidriero gana al reparar la ventana rota y cómo ese gasto
“activa” la economía. Olvida lo invisible: el tendero ya no puede gastar ese
mismo dinero en algo que realmente necesitaba o deseaba (zapatos, un libro,
reinversión…), de modo que la sociedad en conjunto queda más pobre: tiene una
ventana menos y los mismos recursos.
Con las maras ocurre algo análogo. Los asesores de Bukele se concentraban en lo visible: los 70.000 pandilleros y sus familias gastaban en comida, pañales, alquileres, etc., y ese flujo circulaba en la economía. Por tanto, “sacar” a los pandilleros de golpe restaría actividad económica. Pero ignoraban lo invisible: