- Mises y el Problema del Cálculo: En 1922, Mises lanzó la bomba atómica intelectual: sin propiedad privada no hay precios de mercado, y sin precios reales no puedes calcular si estás creando valor o simplemente convirtiendo oro en basura. El socialismo es, literalmente, un sistema intentando resolver un puzzle de un millón de piezas en una habitación a oscuras. En una economía sin propiedad privada de los medios de
producción y sin mercado libre de precios, los planificadores socialistas no
pueden calcular racionalmente qué producir, en qué cantidades, con qué calidad
ni cómo asignar los recursos escasos. Los precios de mercado son la única forma
que tiene la humanidad de transmitir información dispersa sobre costes,
preferencias y escasez. Sin ellos, el socialismo cae inevitablemente en el caos
económico, el despilfarro y la miseria. Esto no es una opinión: es una
demostración lógica anterior a cualquier experiencia histórica del siglo XX.
- Hayek y el Uso del Conocimiento: Si Mises dijo que el socialismo era "ciego", Hayek, en su ensayo El uso del conocimiento en la sociedad, demostró que el Planificador Central es, además, "ignorante". Hayek explicó que el conocimiento económico no está en un despacho en Moscú, sino disperso en la mente de millones de personas. El sistema de precios es una red de telecomunicaciones que transmite esa información. Al cortarla, el Estado soviético se quedó sin señal.
- El Oráculo de Sears: Cada mañana, los planificadores soviéticos no consultaban El Capital, sino los catálogos de Sears, Roebuck & Co. o de los grandes almacenes de Londres. ¿Por qué? Porque no tenían ni la más remota idea de cuánto debería valer un par de botas de cuero o una viga de acero. Necesitaban que los "perversos capitalistas" les dijeran, a través de sus precios de mercado, qué recursos eran escasos y cuáles no. Eran como un estudiante que presume de saber matemáticas pero necesita copiarle el examen al de al lado para saber cuánto es 2+2.
- Espías en el Mercado Negro: El pasaje más hilarante —y triste— es ver a los funcionarios estatales saliendo a las calles a hurtadillas. Para saber si el Plan estaba funcionando, no miraban sus gráficos de producción de acero, sino que preguntaban el precio de un kilo de patatas en el mercado negro. El mercado informal (el na levo) era el único lugar donde la realidad se manifestaba. Si un burócrata veía que una pieza de repuesto costaba el triple en la calle que en el papel oficial, sabía que el sistema se estaba desmoronando, por mucho que la propaganda celebrara "la marcha exitosa hacia el comunismo".
Cuenta el libro Abundancia Roja que la burocracia soviética no ponía los precios basándose en la oferta y la demanda, sino a través de un sistema de planificación centralizada que enfrentaba un dilema matemático y político monumental. Para gestionar los medios de producción (maquinaria, materias primas, energía), se utilizaban principalmente estos métodos y conceptos:
Uno de los protagonistas reales
del libro es el matemático Leonid Kantorovich, quien propuso una solución
científica al caos de la planificación:
Programación Lineal: Kantorovich
desarrolló este método matemático para calcular cómo asignar recursos escasos
de la manera más eficiente posible para alcanzar un objetivo de producción.
Precios Sombra ("Objectively
Determined Assessments"): Eran valores teóricos generados por sus
ecuaciones que indicaban la "escasez relativa" de un recurso dentro
del sistema.
Diferencia con el Mercado: A
diferencia de los precios de mercado, estos no servían para que el consumidor
decidiera, sino para que el planificador central supiera qué recurso resultaba
más "caro" de usar en términos de oportunidad para el Estado.
La Realidad de la Burocracia (Gosplan)
En la práctica, antes y después de los intentos de reforma de Kantorovich, la fijación de precios funcionaba mediante:
- Diktat Político: Los precios se establecían a menudo por decreto, buscando estabilidad social en lugar de eficiencia económica.
- Coste más Margen: Se calculaba el
coste de producción (mano de obra y materiales declarados) y se le añadía un
pequeño margen, ignorando si el producto era realmente útil o necesario en ese
momento.
- Inercia y Simulación: Como los
precios eran fijos y no reflejaban la realidad, los gerentes de las fábricas a
menudo mentían sobre sus costes o capacidad para obtener más recursos del
Estado.
El Rol de los "Tolkash" (Empujadores)
Debido a que el sistema de precios oficial no funcionaba, surgió una figura clave descrita en la novela: el tolkach. Eran "conseguidores" informales que operaban fuera del plan. Intercambiaban favores o bienes para obtener los medios de producción que el sistema oficial no entregaba a tiempo. Hacían que la economía funcionara mediante una red de contactos, llenando el vacío que dejaba la ausencia de precios reales.
- Punto Clave: El libro muestra que introducir
precios reales (aunque fueran "sombra") amenazaba el control absoluto
del Partido Comunista sobre la sociedad.
Hay que distinguir entre lo que
el libro narra como práctica desesperada y lo que era la teoría del sistema. Spufford
utiliza esos ejemplos precisamente para ilustrar el absurdo de una economía que
intentaba funcionar "a ciegas".
- Dos puntos específicos:
1. El "espejo" de los
precios occidentales
Efectivamente, el libro relata
cómo la URSS sufría de un aislamiento de información económica. Al no tener un
mercado interno que generara precios reales, los planificadores del Gosplan
recurrían a lo siguiente (mencionado anteriormente):
Copiar los catálogos: Se describe
cómo los burócratas soviéticos utilizaban catálogos de grandes almacenes
occidentales (como Sears o catálogos industriales europeos) para tener una
referencia de cuánto "debería" valer algo.
La paradoja del socialismo
global: El libro bromea con una idea famosa en la teoría económica (el problema
del cálculo económico de Mises): si todo el mundo fuera comunista, no habría
ningún mercado capitalista al que copiarle los precios, y la economía se
colapsaría instantáneamente por falta de una métrica de valor.
2. Los burócratas y el mercado
negro
Sobre el pasaje de los burócratas
en las calles, el libro describe la relación esquizofrénica entre el Estado y
el mercado informal:
El mercado como termómetro: Los
funcionarios sabían que los precios oficiales eran una ficción. Para entender
la escasez real, algunos burócratas y economistas observaban los precios del
mercado negro (donde las cosas se vendían "por la izquierda" o na
levo).
Toma de notas: Se relata cómo los
"precios de mercado" en los puestos de comida o en los intercambios
informales de piezas industriales eran el único lugar donde la oferta y la
demanda se manifestaban. Si en el mercado negro el precio de un rodamiento se
disparaba, el burócrata sabía que la planificación de ese sector había fallado,
aunque los papeles oficiales dijeran que todo iba bien.
La gran contradicción
Lo que Spufford resalta
magistralmente es que el sistema soviético necesitaba del capitalismo y de la
ilegalidad interna para no detenerse por completo:
- Necesitaba los precios
occidentales para saber qué era caro de producir.
- Necesitaba el mercado negro para
que los ciudadanos y las fábricas consiguieran lo que el Plan no entregaba.
- Dato curioso: En el libro, cuando
los economistas como Kantorovich intentan introducir sus "precios
sombra" (matemáticos), los ideólogos del Partido se oponen porque eso se
parece demasiado a la "economía burguesa". Preferían seguir copiando
precios en secreto o vivir en la ficción antes que admitir que el mercado
(aunque fuera matemático) tenía razón.
El joven economista que se da
cuenta de que el sistema es un gigante con pies de barro.
Ese pasaje es uno de los momentos más melancólicos y reveladores de Abundancia Roja. Se centra principalmente en el personaje de Emil Shaidullin, un joven economista idealista y brillante que personifica la esperanza de la "cibernética" soviética en los años 60. Se desarrolla de la siguiente manera:
El Sueño de la Máquina Perfecta
Emil comienza el libro creyendo
fervientemente que el comunismo es un problema de información, no de ideología.
Piensa que, si pueden construir computadoras lo suficientemente potentes y usar
las ecuaciones de optimización de Kantorovich, podrán calcular el "precio
perfecto" y distribuir los recursos sin desperdicio.
- La realización: Se da cuenta de
que el sistema no es una máquina lógica, sino un organismo político que rechaza
la verdad.
- El momento clave: Emil observa
cómo los datos que alimentan sus fórmulas son falsos. Los directores de las
fábricas mienten sobre sus inventarios y los burócratas del Partido manipulan
las cifras para que el Plan siempre parezca un éxito.
El pasaje describe la amarga epifanía de Emil al comprender que la estructura de la URSS es inmensa pero estructuralmente débil por las siguientes razones:
- La ceguera voluntaria: Se da
cuenta de que a los líderes no les interesa la eficiencia matemática, sino el
control. Si una computadora dice que una fábrica debe cerrar porque es
ineficiente, el Partido la mantendrá abierta por razones políticas, rompiendo
toda la lógica del sistema.
- La metáfora del ruido: Emil
siente que intenta escuchar la "música" de la economía, pero solo
escucha el "ruido" de las mentiras burocráticas. Comprende que el
sistema está intentando construir un rascacielos sobre un pantano de datos
inventados.
- La imposibilidad del cálculo: Al
final, el joven economista se rinde ante la evidencia de que es imposible
procesar la realidad de millones de personas y productos desde un despacho en
Moscú. La "Abundancia Roja" no es más que un espejismo sostenido por
la propaganda.
La Imagen Final
Spufford describe a estos jóvenes economistas volviéndose cínicos o retirándose a la oscuridad. El pasaje termina mostrando a un Emil que comprende que el mercado no es un enemigo, sino un mensajero, y que, al intentar matar al mensajero, la Unión Soviética se ha condenado a no saber nunca dónde está parada. Es un momento muy potente porque no es una crítica política externa, sino el dolor interno de alguien que realmente quería que el sistema funcionara y descubre que es físicamente imposible. El destino de esos científicos y economistas, personificado en el libro por figuras como el joven Emil o el histórico Leonid Kantorovich, es una mezcla de irrelevancia, claudicación y un profundo cinismo.
Spufford describe cómo el gran
sueño de la "utopía informática" de los años 60 se fue apagando hasta
convertirse en la "Era del Estancamiento" de Brézhnev. Estos fueron
sus caminos principales:
- 1. El exilio interior y la
irrelevancia
Muchos de los economistas matemáticos más brillantes terminaron trabajando en problemas puramente teóricos. Se refugiaron en departamentos universitarios aislados. Dejaron de intentar arreglar la economía real para centrarse en modelos matemáticos abstractos que no molestaran al Partido. Sus ideas se convirtieron en curiosidades académicas mientras la economía real se hundía.
2. La capitulación ante el
"Papel"
El sistema obligó a los científicos a aceptar que la ideología mandaba sobre los datos. Tuvieron que aceptar que sus computadoras y fórmulas dieran los resultados que el Partido quería ver, no los que la realidad dictaba. En el libro, se siente la tristeza de hombres que saben que están usando la herramienta más avanzada de la humanidad (la informática incipiente) para validar mentiras contables.
3. El refugio en el Cinismo y la
"Cocina"
Muchos de estos intelectuales acabaron formando parte de la cultura de las "charlas de cocina". De día trabajaban para el Estado fingiendo que el Plan funcionaba. De noche, en sus apartamentos, bebían vodka y bromeaban amargamente sobre lo absurdo del sistema. Pasaron de ser los "arquitectos del futuro" a ser espectadores pasivos de un colapso que ellos mismos habían predicho matemáticamente.
4. El caso real: Leonid
Kantorovich
El libro es especialmente fiel a la figura de Kantorovich, el único soviético que ganó el Nobel de Economía. Su destino fue agridulce: Aunque recibió honores, sus ideas de usar precios sombra y optimización lineal nunca se aplicaron a gran escala. Fue constantemente vigilado y criticado por "contaminarse" con ideas de mercado. Murió viendo cómo el sistema que intentó salvar con lógica matemática se desmoronaba por pura testarudez política.
5. La "Victoria" del
Tolkach
Irónicamente, el destino final de la economía no quedó en manos de los científicos, sino de los corruptos. Como las fórmulas de los economistas fueron rechazadas, quienes terminaron "gestionando" la URSS fueron los directores de fábrica que sabían sobornar, intercambiar favores y operar en el mercado negro. Los genios fueron sustituidos por los "buscavidas". En resumen, el destino de esos jóvenes idealistas fue darse cuenta de que la lógica no tiene poder contra una burocracia que tiene miedo a la verdad.
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