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jueves, 23 de abril de 2026

ABUNDANCIA ROJA

 


El Socialismo: Un Gigante Ciego en un Callejón sin Salida
Circula todavía algun autor que nos sigue hablando de un Marx idealizado, una "mente privilegiada" que supuestamente no quería burocracia ni violencia. Sin embargo, la historia económica, narrada con maestría por Francis Spufford en "Abundancia Roja", nos cuenta una versión más cómica y trágica: la de un sistema que, al intentar seguir esa senda, terminó dándose de bruces contra las leyes de la realidad.
Mises y Hayek: Las Dos Caras de la Misma Moneda
Para entender por qué el "sueño" de Marx se convirtió en la pesadilla burocrática que algunos intentan desmentir, hay que mirar a la Escuela Austríaca. Ellos no criticaron el socialismo por "malo", sino por imposible.
  1. Mises y el Problema del Cálculo: En 1922, Mises lanzó la bomba atómica intelectual: sin propiedad privada no hay precios de mercado, y sin precios reales no puedes calcular si estás creando valor o simplemente convirtiendo oro en basura. El socialismo es, literalmente, un sistema intentando resolver un puzzle de un millón de piezas en una habitación a oscurasEn una economía sin propiedad privada de los medios de producción y sin mercado libre de precios, los planificadores socialistas no pueden calcular racionalmente qué producir, en qué cantidades, con qué calidad ni cómo asignar los recursos escasos. Los precios de mercado son la única forma que tiene la humanidad de transmitir información dispersa sobre costes, preferencias y escasez. Sin ellos, el socialismo cae inevitablemente en el caos económico, el despilfarro y la miseria. Esto no es una opinión: es una demostración lógica anterior a cualquier experiencia histórica del siglo XX.

  2. Hayek y el Uso del Conocimiento: Si Mises dijo que el socialismo era "ciego", Hayek, en su ensayo El uso del conocimiento en la sociedad, demostró que el Planificador Central es, además, "ignorante". Hayek explicó que el conocimiento económico no está en un despacho en Moscú, sino disperso en la mente de millones de personas. El sistema de precios es una red de telecomunicaciones que transmite esa información. Al cortarla, el Estado soviético se quedó sin señal.
El "Espionaje" de Catálogos: La Comedia de los Precios (de "Abundancia Roja")
Aquí es donde entra la parte que haría sonreír a Mises y suspirar a Hayek. Imaginen por un momento a los burócratas del Gosplan (el Comité de Planificación Estatal). Estos hombres, supuestamente encargados de dirigir el destino de un imperio, tenían una rutina matutina bastante poco "marxista":
  • El Oráculo de Sears: Cada mañana, los planificadores soviéticos no consultaban El Capital, sino los catálogos de Sears, Roebuck & Co. o de los grandes almacenes de Londres. ¿Por qué? Porque no tenían ni la más remota idea de cuánto debería valer un par de botas de cuero o una viga de acero. Necesitaban que los "perversos capitalistas" les dijeran, a través de sus precios de mercado, qué recursos eran escasos y cuáles no. Eran como un estudiante que presume de saber matemáticas pero necesita copiarle el examen al de al lado para saber cuánto es 2+2.
  • Espías en el Mercado Negro: El pasaje más hilarante —y triste— es ver a los funcionarios estatales saliendo a las calles a hurtadillas. Para saber si el Plan estaba funcionando, no miraban sus gráficos de producción de acero, sino que preguntaban el precio de un kilo de patatas en el mercado negro. El mercado informal (el na levo) era el único lugar donde la realidad se manifestaba. Si un burócrata veía que una pieza de repuesto costaba el triple en la calle que en el papel oficial, sabía que el sistema se estaba desmoronando, por mucho que la propaganda celebrara "la marcha exitosa hacia el comunismo".
Abundancia Roja. 
El dilema de la Burocracia Soviética

Cuenta el libro Abundancia Roja que la burocracia soviética no ponía los precios basándose en la oferta y la demanda, sino a través de un sistema de planificación centralizada que enfrentaba un dilema matemático y político monumental. Para gestionar los medios de producción (maquinaria, materias primas, energía), se utilizaban principalmente estos métodos y conceptos:

El Cálculo de Optimización y los Precios Sombra"

Uno de los protagonistas reales del libro es el matemático Leonid Kantorovich, quien propuso una solución científica al caos de la planificación:

Programación Lineal: Kantorovich desarrolló este método matemático para calcular cómo asignar recursos escasos de la manera más eficiente posible para alcanzar un objetivo de producción.

Precios Sombra ("Objectively Determined Assessments"): Eran valores teóricos generados por sus ecuaciones que indicaban la "escasez relativa" de un recurso dentro del sistema.

Diferencia con el Mercado: A diferencia de los precios de mercado, estos no servían para que el consumidor decidiera, sino para que el planificador central supiera qué recurso resultaba más "caro" de usar en términos de oportunidad para el Estado.

 La Realidad de la Burocracia (Gosplan)   

En la práctica, antes y después de los intentos de reforma de Kantorovich, la fijación de precios funcionaba mediante:

- Diktat Político: Los precios se establecían a menudo por decreto, buscando estabilidad social en lugar de eficiencia económica.

- Coste más Margen: Se calculaba el coste de producción (mano de obra y materiales declarados) y se le añadía un pequeño margen, ignorando si el producto era realmente útil o necesario en ese momento.

- Inercia y Simulación: Como los precios eran fijos y no reflejaban la realidad, los gerentes de las fábricas a menudo mentían sobre sus costes o capacidad para obtener más recursos del Estado.

El Rol de los "Tolkash" (Empujadores)

Debido a que el sistema de precios oficial no funcionaba, surgió una figura clave descrita en la novela: el tolkach. Eran "conseguidores" informales que operaban fuera del plan. Intercambiaban favores o bienes para obtener los medios de producción que el sistema oficial no entregaba a tiempo. Hacían que la economía funcionara mediante una red de contactos, llenando el vacío que dejaba la ausencia de precios reales.

- Punto Clave: El libro muestra que introducir precios reales (aunque fueran "sombra") amenazaba el control absoluto del Partido Comunista sobre la sociedad.

Hay que distinguir entre lo que el libro narra como práctica desesperada y lo que era la teoría del sistema. Spufford utiliza esos ejemplos precisamente para ilustrar el absurdo de una economía que intentaba funcionar "a ciegas".

- Dos puntos específicos:

1. El "espejo" de los precios occidentales

Efectivamente, el libro relata cómo la URSS sufría de un aislamiento de información económica. Al no tener un mercado interno que generara precios reales, los planificadores del Gosplan recurrían a lo siguiente (mencionado anteriormente):

Copiar los catálogos: Se describe cómo los burócratas soviéticos utilizaban catálogos de grandes almacenes occidentales (como Sears o catálogos industriales europeos) para tener una referencia de cuánto "debería" valer algo.

La paradoja del socialismo global: El libro bromea con una idea famosa en la teoría económica (el problema del cálculo económico de Mises): si todo el mundo fuera comunista, no habría ningún mercado capitalista al que copiarle los precios, y la economía se colapsaría instantáneamente por falta de una métrica de valor.

2. Los burócratas y el mercado negro

Sobre el pasaje de los burócratas en las calles, el libro describe la relación esquizofrénica entre el Estado y el mercado informal:

El mercado como termómetro: Los funcionarios sabían que los precios oficiales eran una ficción. Para entender la escasez real, algunos burócratas y economistas observaban los precios del mercado negro (donde las cosas se vendían "por la izquierda" o na levo).

Toma de notas: Se relata cómo los "precios de mercado" en los puestos de comida o en los intercambios informales de piezas industriales eran el único lugar donde la oferta y la demanda se manifestaban. Si en el mercado negro el precio de un rodamiento se disparaba, el burócrata sabía que la planificación de ese sector había fallado, aunque los papeles oficiales dijeran que todo iba bien.

La gran contradicción 

Lo que Spufford resalta magistralmente es que el sistema soviético necesitaba del capitalismo y de la ilegalidad interna para no detenerse por completo:

- Necesitaba los precios occidentales para saber qué era caro de producir.

- Necesitaba el mercado negro para que los ciudadanos y las fábricas consiguieran lo que el Plan no entregaba.

- Dato curioso: En el libro, cuando los economistas como Kantorovich intentan introducir sus "precios sombra" (matemáticos), los ideólogos del Partido se oponen porque eso se parece demasiado a la "economía burguesa". Preferían seguir copiando precios en secreto o vivir en la ficción antes que admitir que el mercado (aunque fuera matemático) tenía razón.

El joven economista que se da cuenta de que el sistema es un gigante con pies de barro.

Ese pasaje es uno de los momentos más melancólicos y reveladores de Abundancia Roja. Se centra principalmente en el personaje de Emil Shaidullin, un joven economista idealista y brillante que personifica la esperanza de la "cibernética" soviética en los años 60. Se desarrolla de la siguiente manera:

El Sueño de la Máquina Perfecta

Emil comienza el libro creyendo fervientemente que el comunismo es un problema de información, no de ideología. Piensa que, si pueden construir computadoras lo suficientemente potentes y usar las ecuaciones de optimización de Kantorovich, podrán calcular el "precio perfecto" y distribuir los recursos sin desperdicio.

- La realización: Se da cuenta de que el sistema no es una máquina lógica, sino un organismo político que rechaza la verdad.

- El momento clave: Emil observa cómo los datos que alimentan sus fórmulas son falsos. Los directores de las fábricas mienten sobre sus inventarios y los burócratas del Partido manipulan las cifras para que el Plan siempre parezca un éxito.

El pasaje describe la amarga epifanía de Emil al comprender que la estructura de la URSS es inmensa pero estructuralmente débil por las siguientes razones:

- La ceguera voluntaria: Se da cuenta de que a los líderes no les interesa la eficiencia matemática, sino el control. Si una computadora dice que una fábrica debe cerrar porque es ineficiente, el Partido la mantendrá abierta por razones políticas, rompiendo toda la lógica del sistema.

- La metáfora del ruido: Emil siente que intenta escuchar la "música" de la economía, pero solo escucha el "ruido" de las mentiras burocráticas. Comprende que el sistema está intentando construir un rascacielos sobre un pantano de datos inventados.

- La imposibilidad del cálculo: Al final, el joven economista se rinde ante la evidencia de que es imposible procesar la realidad de millones de personas y productos desde un despacho en Moscú. La "Abundancia Roja" no es más que un espejismo sostenido por la propaganda.

La Imagen Final

Spufford describe a estos jóvenes economistas volviéndose cínicos o retirándose a la oscuridad. El pasaje termina mostrando a un Emil que comprende que el mercado no es un enemigo, sino un mensajero, y que, al intentar matar al mensajero, la Unión Soviética se ha condenado a no saber nunca dónde está parada. Es un momento muy potente porque no es una crítica política externa, sino el dolor interno de alguien que realmente quería que el sistema funcionara y descubre que es físicamente imposible. El destino de esos científicos y economistas, personificado en el libro por figuras como el joven Emil o el histórico Leonid Kantorovich, es una mezcla de irrelevancia, claudicación y un profundo cinismo.

Spufford describe cómo el gran sueño de la "utopía informática" de los años 60 se fue apagando hasta convertirse en la "Era del Estancamiento" de Brézhnev. Estos fueron sus caminos principales:

- 1. El exilio interior y la irrelevancia

Muchos de los economistas matemáticos más brillantes terminaron trabajando en problemas puramente teóricos. Se refugiaron en departamentos universitarios aislados. Dejaron de intentar arreglar la economía real para centrarse en modelos matemáticos abstractos que no molestaran al Partido. Sus ideas se convirtieron en curiosidades académicas mientras la economía real se hundía.

2. La capitulación ante el "Papel"

El sistema obligó a los científicos a aceptar que la ideología mandaba sobre los datos. Tuvieron que aceptar que sus computadoras y fórmulas dieran los resultados que el Partido quería ver, no los que la realidad dictaba. En el libro, se siente la tristeza de hombres que saben que están usando la herramienta más avanzada de la humanidad (la informática incipiente) para validar mentiras contables.

3. El refugio en el Cinismo y la "Cocina"

Muchos de estos intelectuales acabaron formando parte de la cultura de las "charlas de cocina". De día trabajaban para el Estado fingiendo que el Plan funcionaba. De noche, en sus apartamentos, bebían vodka y bromeaban amargamente sobre lo absurdo del sistema. Pasaron de ser los "arquitectos del futuro" a ser espectadores pasivos de un colapso que ellos mismos habían predicho matemáticamente.

4. El caso real: Leonid Kantorovich

El libro es especialmente fiel a la figura de Kantorovich, el único soviético que ganó el Nobel de Economía. Su destino fue agridulce: Aunque recibió honores, sus ideas de usar precios sombra y optimización lineal nunca se aplicaron a gran escala. Fue constantemente vigilado y criticado por "contaminarse" con ideas de mercado. Murió viendo cómo el sistema que intentó salvar con lógica matemática se desmoronaba por pura testarudez política.

5. La "Victoria" del Tolkach

Irónicamente, el destino final de la economía no quedó en manos de los científicos, sino de los corruptos. Como las fórmulas de los economistas fueron rechazadas, quienes terminaron "gestionando" la URSS fueron los directores de fábrica que sabían sobornar, intercambiar favores y operar en el mercado negro. Los genios fueron sustituidos por los "buscavidas". En resumen, el destino de esos jóvenes idealistas fue darse cuenta de que la lógica no tiene poder contra una burocracia que tiene miedo a la verdad.

Para los últimos románticos del Marxismo
Algún autor asegura que Marx "nunca propuso una alternativa concreta", sino llevar al capitalismo a sus contradicciones. Lo que Abundancia Roja y los austríacos demuestran es que la mayor contradicción no está en el capitalismo, sino en creer que se puede coordinar la vida de millones de personas sustituyendo la libertad de elegir por un comité central y sistemas de ecuaciones elaborados por computadoras.
El sistema soviético no fue un "mal intérprete" de Marx; fue el resultado inevitable de intentar gestionar la realidad sin la única herramienta que permite entenderla: el sistema de precios.
Al final, la "Abundancia Roja" resultó ser un espejismo. Un gigante con pies de barro que, mientras pretendía superar a Manhattan, tenía que mirar a escondidas cuánto cobraba un vendedor ambulante de Moscú por un mendrugo de pan para saber si al día siguiente habría qué comer.



Por Txus Alonso
23 de Abril de 2026


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