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viernes, 8 de noviembre de 2019

A Pablo Iglesias "le pone" el socialismo tipo germano (Zwangswirtschaft).




A Pablo Iglesias "le pone" el socialismo tipo germano (Zwangswirtschaft).


Se empieza por sectores estratégicos y “cuando la fijación de precios, salarios y tipos de interés llega a abarcar toda la economía, el socialismo de tipo germano reemplaza al mercado. Entonces el mercado, el cambio interpersonal, la propiedad privada de los medios de producción, la empresarialidad y la iniciativa privada, virtualmente desaparecen ..[.] .. Ya nadie puede influir por sí mismo, como consumidor, en el proceso de producción; todo el mundo debe obedecer las directrices que emanan del supremo organismo rector. Lo que, en tan complicada ordenación, se denomina precios, salarios e interés ha dejado de serlo, en sentido cataláctico. Estos conceptos son meras cifras que el jerarca supremo fija sin relación alguna con el proceso del mercado.” (L.V.M.).




Y es que, bajo una apariencia democrática, a Pablo Iglesias le pone cachondo el socialismo tipo germano (sí, eso que se aplica en Venezuela), es decir, el “Nazionalsocialismo”. Precios mínimos, precios máximos, banca pública, empresa pública de energía, control de la transición energética, control, control y más control. Todo está subordinado al interés general, determinado, naturalmente, por el jerarca supremo.



Son muchos los partidarios de la intervención del Estado en la Economía. De hecho, según reciente estudio del BBVA, España es mayoritariamente anticapitalista. No saben ni por donde les pega el aire. Es patente la confusión mental de la población por su incapacidad para apreciar la esencial diferencia que existe entre el sistema económico basado en el mercado y toda ordenación económica carente del mismo o fuertemente intervenido en favor de élites de privilegiados u oligopolios asociados al poder político.


Decía Von Mises que “ha habido y hay defensores del control de precios que sin embargo se han declarado partidarios de la economía de mercado. Proclaman enfáticamente que el gobierno puede alcanzar sus objetivos fijando precios, salarios y tipos de interés, sin tener por ello que abolir ni el mercado ni la propiedad privada de los medios de producción, y sostienen que la regulación coactiva de los precios es el mejor —o más bien el único— procedimiento para conservar el régimen de empresa privada e impedir el advenimiento del socialismo. No admiten que alguien cuestione su doctrina y demuestre que el control de precios, no sólo empeora la situación —incluso desde el punto de vista de políticos y dirigistas doctrinarios—, sino que además conduce al socialismo”…[..]… “En la Alemania Nazi, los empresarios habían desaparecido, eran jefes de empresa (los Betriebsführer en la terminología de la legislación nazi). Tales personajes, a primera vista, dirigen y ordenan las empresas a ellos encomendadas; compran y venden, contratan y despiden personal, conciertan operaciones financieras, pagan intereses y amortizan créditos. Pero en estas actuaciones se ven obligados a seguir rigurosamente las directrices que el gobierno les marca en cada caso. Este órgano administrativo (el Reichswirtschaftsministerium hitleriano) instruye detalladamente a los jefes de empresa acerca de qué y cómo han de producir; a qué precio y dónde deben comprar; a quiénes, en fin, han de vender. Cada uno halla predeterminado el puesto a desempeñar y la retribución a percibir. El mercado ya no es más que mera ficción. Sólo el gobierno determina los sueldos y salarios, los precios y los tipos de interés. Esos salarios, precios e intereses sólo en sentido formal pueden considerarse tales; en realidad no son más que puras expresiones cuantitativas manejadas por la administración para determinar el trabajo, los ingresos, el consumo y el nivel de vida de cada ciudadano. El gobernante, por sí y ante sí, ordena y encauza toda la actividad productora. Los jefes de empresa obedecen y cumplen las órdenes del gobierno, sin que para nada influyan los deseos y apetencias de los consumidores, y los precios de mercado ya no determinan la producción. Estamos ante un socialismo que pretende ocultarse tras máscaras capitalistas”: “Zwangswirtschaft”.



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