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sábado, 6 de febrero de 2016

Camino a la perdición: destrucción del mercado



La gente cree que toda acción motivada por el ánimo de lucro es poco menos que antisocial. Se juzgan los planes de los políticos por sus motivaciones y por los fines perseguidos que declaran. La gente no piensa en las consecuencias de la implantación de determinadas políticas si dan por buenas y sinceras las intenciones de sus autores - que han de parecer honrados. 
Por el contrario, en el mercado, las motivaciones son egoístas, por lo que no gozan de buena reputación. La Economía es contra-intuitiva, de modo que, el hecho de que el mercado canalice o transforme las motivaciones egoístas en beneficio de toda la sociedad llega siempre demasiado tarde. El mercado es malo y culpable antes de que empiece el juicio, por el mero hecho de ser un proceso que se basa en el interés propio. 

Conclusión: La inclinación pro-intervencionista y antimercado de la gente es un hecho constatable. Todos los partidos políticos han alimentado esta cultura ideológica durante decenios, principalmente mediante la educación pública. En democracia, la cultura ideológica predominante (Gramsci) es la que marca los límites de lo posible en el ámbito de lo político. En democracia, los cambios son siempre graduales. La mayoría de la gente no acepta voluntariamente una revolución que lo ponga todo patas arriba. Sin embargo, el enorme poder que tienen los políticos en un sistema democrático intervencionista es ya de por sí incompatible con la plena libertad individual, y por tanto difícilmente compatible con el progreso y la creación de riqueza, por lo que las inevitables crisis y el desempleo estructural irán preparando el camino para modificar la cultura ideológica. Pero es que además, la corrupción que inevitablemente lleva aparejado ese enorme poder, tarde o temprano corrompe a las formaciones políticas algo mas partidarias de conservar el mercado, o lo que queda de él, y por tanto los cambios graduales se aceleran en el sentido de los partidarios de su desaparición, alimentados por las acciones motivadas por el ánimo de lucro -"antisocial"- de los políticos corruptos y por la cultura ideológica actualmente predominante pro-intervencionista/antimercado.
Total, poquito a poquito cavamos nuestra propia tumba. Rechazamos el ánimo de lucro y los beneficios empresariales "excesivos". Y en busca de la igualdad, de la equidad y del fin de la explotación, vamos camino de establecer un sistema integral de coerción que ataca a todas las instituciones que hacen posible la abundancia: la propiedad privada, el comercio internacional, el sistema de precios, el derecho de innovación comercial y los contratos libres.


En resumen: Mercado R.I.P. Camino a la perdición.


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