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jueves, 3 de septiembre de 2015

Inmigración: El derecho de exclusión debe ser individual, de cada ciudadano, no de los Estados - (Pascal Salin - Gabriel Zanotti)

http://la-accion-humana.blogspot.com.es/2009/05/nola-aldatzen-diren-gauzak.html
*Grabado en la Estatua de la Libertad - New York

Si yo como ciudadano europeo,  o un grupo de ciudadanos europeos, propietarios de nuestras viviendas, tierras, comunidades, hogares o negocios,  quisiéramos traer indefinidamente a nuestras propias casas o propiedades, a uno o varios seres humanos que el Estado define como  extranjeros, sean sirios, africanos -o de cualquier otra nacionalidad o continente- que huyen de la guerra o de la pobreza extrema, y voluntaria y responsablemente deseáramos mantenerlos con nuestros propios recursos, nadie debería negarnos el derecho a hacerlo. Sin embargo, hoy en día, eso lo prohíben las leyes estatales (y europeas) de inmigración.

- Artículo 53. Infracciones graves.

- 2. También son infracciones graves:

- C) Promover la permanencia irregular en España de un extranjero, cuando su entrada legal haya contado con una invitación expresa del infractor y continúe a su cargo una vez transcurrido el período de tiempo permitido por su visado o autorización. Para graduar la sanción se tendrán en cuenta las circunstancias personales y familiares concurrentes.



Las barreras o prohibiciones de entrada a un país, las cuotas de inmigración, o la simple obligación de poseer pasaporte o un visado constituyen un ataque a los legítimos derechos de la gente. La inmigración y la emigración deberían ser totalmente libres, puesto que no se puede hablar de libertad individual sino existe libertad de desplazarse. Sin embargo, la libertad migratoria no consiste en ir donde te dé la "real gana". La propiedad privada y la libertad migratoria son inseparables. La libertad migratoria consiste en que puedas ir allí donde otro u otros propietarios te acepten sin que el Estado meta su zarpa en asuntos privados tuyos y de la persona que tu aceptes en tu casa o con la que establezcas una relación contractual libre (siempre y cuando tus actos, no lesionen la libertad o propiedad de terceros). Es decir, cualquier regulación legal sobre migración debería partir del reconocimiento de que el Derecho de Exclusión pertenece al Individuo, no al Estado.

En este asunto sobre libertad migratoria, la educación absolutamente estatista que recibimos está haciendo estragos en la cooperación social. El problema de la inmigración lo crea la estatización del derecho de exclusión (o inclusión). Un Estado no es una comunidad de propietarios. El Estado no tiene derechos de propiedad ni sobre el territorio ni sobre los ciudadanos.  Sin embargo, el Estado se ha apropiado de derechos fundamentales que pertenecen al individuo: el derecho a elegir y el derecho a excluir. Corresponde a los individuos elegir si desean vivir cotidianamente, en sus edificios, en sus trabajos, en sus comunidades, asociaciones y familias, con otras personas que ellos perciben como extranjeros, tanto si son del pueblo de al lado como de un país lejano. ¿En nombre de qué principio o con qué derecho se permite el Estado decidir sobre lo que concierne a relaciones privadas?. 

Sin embargo hemos llegado a una situación tal que no se puede ignorar el contexto institucional actual, es decir, la actual transferencia - forzosa- de rentas que implica el Estado del Bienestar. Es obvio que tal contexto es totalmente incompatible con la apertura sin límite de las fronteras.  Sin Estado del Bienestar y, si el derecho de inclusión o exclusión dependiera por completo del individuo (no del Estado), jamás se habrían formado los guetos de población extranjera, no integrada, que actualmente existen en el corazón de Europa (Reino Unido, Francia, Bélgica, etc). Una población, cuya ideología y costumbres son totalmente incompatibles con los valores de libertad individual, igualdad ante la ley, y de separación religión-estado, bases de la prosperidad de la civilización occidental.

Esta de abajo es una noticia de hoy:




El Filósofo francés Pascal Salin* escribió: 
"En el contexto actual, en el que el nivel de inmigración está definido globalmente para el conjunto de la nación por el poder político, y en el que por lo demás la "política social" llega a subvencionar la inmigración de los menos productivos, algunos que se dicen favorables a la inmigración y proclaman su generosidad mediante discursos contra el racismo, no son afectados diréctamente por el fenómeno; otros son contrarios porque ven que su entorno cultural y religioso se modifica profundamente. Al no tener la posibilidad de elegir por sí mismos, apelan al Estado para resolver sus problemas, que de este modo se convierten en "problemas de la sociedad". Pero ningún compromiso podrá jamás encontrarse entre los defensores de la "preferencia nacional" y los cantores de la lucha contra el racismo. Sólo se enriquecerán los bolsillos de los políticos y de los animadores televisivos, que de este modo encontrarán materia para inagotables debates".
"Cuando el Estado es el único capacitado para definir medidas de exclusión respecto a algunas categorías de personas a las que se les llama extranjeros, se ve sometido a presiones contrapuestas por parte de grupos organizados -eventualmente en forma de partidos políticos- de los que algunos piden reforzar las exclusiones y otros, por el contrario, un laxismo mayor. Puesto que se prohíbe a los individuos decidir por sí mismos las eventuales exclusiones que desean en lo que a ellos respecta, en el contorno en que viven, sobre el trabajo, en familia, el problema es un problema global y cada uno advierte que sólo puede resolverlo convirtiéndolo en un problema global. Evidentemente, cómo el "grado óptimo de inmigración" no es el mismo para todos, no puede haber consenso sobre el problema de la inmigración. Y puesto que semejante cuestión afecta a la vida cotidiana de la gente, estas controversias se convierten en problemas políticos delicados e insolubles".[]
"Se comprende pues, que la inmigración cuestione absolutamente todos los problemas de la organización social, ya que afecta a las relaciones de cada uno con los demás, y por consiguiente al sistema económico y político".[]"Como se ha demostrado en las páginas anteriores, no es la inmigración en cuanto tal el verdadero problema. El problema es el Estado".

No quiero terminar el post sin recordar las palabras de otro filosófo, el argentino Gabriel Zanotti acerca del discurso postmoderno sobre el multiculturalismo:
"No, no son  las culturas las que tienen derechos, no son los pueblos originarios ni los pueblos aplastados por los pueblos originarios los que tienen derechos: son las personas las que tienen derechos, y ello cobró vida en el marco institucional que ha sido fruto de la cultura occidental.
Por tanto, si hoy un chino, un hindú, un tolteca o un marciano tienen derechos, es porque la cultura occidental lo ha recordado; es porque han tenido suerte, porque si fuera por sus propias culturas no tendrían ninguna declaración de derechos humanos donde apoyarse. Toda vez que individuos de una cultura occidental han reclamado el respeto a sus derechos individuales, lo han hecho por el valor político básico de la cultura occidental: la persona y su dignidad, valor que incluye universalmente a todas las culturas".

*Placa Estatua de la Libertad:
Dadme a vuestras cansadas, pobres y hacinadas masas
que suspiran por respirar en libertad.
Enviadme a los desheredados,
a los sacudidos por la tempestad.
Levanto mi llama junto a la puerta dorada.

(Emma Lazarus plaque)


*Pascal Salin, Libéralisme, Paris 2000 - Unión Editorial 2008

2 comentarios:

nineuk dijo...

Un punto de vista inetresante y muy poco tratado, porcierto.

Kaialde dijo...

Así es, no está tratado en absoluto en los medios de comunicación; pero si nos paramos a pensar (y a observar inmigrantes integrados de nuestro entorno), este derecho de exclusión (o de integración) individual es el que al fin y al cabo realmente hoy día prevalece y el que de facto se aplica para todos aquellos inmigrantes integrados en la sociedad que les acoge. El problema es que, dado el actual “sistema de bienestar”, si antes de que cada ciudadano pueda ejercer su derecho de exclusión, mete la zarpa el Estado o el Gobierno de turno buscando votos electorales, al final lo que consiguen es que aparezcan, primero pequeños y después enormes guetos de población inmigrante no integrada que vive a costa de los demás, como ocurre ya con población musulmana en París o en ciudades del norte de Inglaterra. Una bomba de relojería.