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domingo, 23 de octubre de 2016

Enamorarse es como un contrato de arrendamiento: "comprometerse a dejar de buscar". - Extracto de "Cómo Funciona la Mente" de Steven Pinker

Steven Pinker

Extracto de "Cómo funciona la mente"

Locos por el amor

¿Por qué razón el amor romántico nos embruja, nos pone nerviosos o nos deja desconcertados? ¿Podría ser otra táctica paradójica como esposarse a las vías del tren? Resulta bastante posible. Ofrecerse a pasar el resto de la vida con una persona y criar a los hijos, es la promesa más importante que se puede llegar a hacer, y una promesa es más creíble cuando quien la hace no puede decir diego donde dijo digo. Sobre este punto precisamente es donde el economista Richard Frank ha llevado a cabo su ingeniería inversa del amor fou [amor loco].
Tanto los científicos sociales, exentos de todo sentimentalismo, como los veteranos de la soltería, coinciden en determinar que se trata de un mercado. Los individuos difieren en su valor como potenciales parejas para el matrimonio. Casi todo el mundo está de acuerdo en que el hombre o la mujer apropiados deben ser bien parecidos, listos, amables, estables, divertidos y ricos. Hombres y mujeres buscan la persona más deseable que les acepte, y ésta es la razón por la cual la mayoría de parejas se casan con una novia o un novio de un atractivo aproximadamente equivalente. La búsqueda de pareja, sin embargo, es sólo una parte de la psicología del amor; explica la estadística de la elección de pareja, pero en cambio no la elección final.

En algún lugar de este mundo, donde viven más de cinco mil millones de personas, existe la persona de mejor aspecto físico, más rica, más lista, más divertida y más amable que nos conviene a cada uno de nosotros. Pero el ideal de cada uno es como una aguja en un pajar y uno puede morir soltero si insiste en esperar a que él o ella se presenten. Permanecer soltero comporta ciertos costes, como la soledad, el no tener hijos y jugar a los contactos con todas sus peligrosas y a veces incómodas citas para tomar una copa y cenar (y, a veces, las menos, desayunar). En algún momento vale la pena establecer un hogar con la mejor persona que hasta entonces se ha logrado encontrar. 

Con todo, un cálculo racional de este tipo deja a la pareja en una situación vulnerable. Las leyes de la probabilidad dicen que algún día uno encontrará una persona más deseable, y si siempre se busca lo mejor para uno, llegará también el día en que se acabe dejando a la pareja actual. Pero lo cierto es que la pareja ha invertido dinero, tiempo, recursos y esfuerzo en la educación de los hijos y dejado pasar oportunidades para mantener la relación. Si la pareja actual era la persona más deseable del mundo, nada debe preocuparla, pues la persona con la que vive no tendrá motivo para desertar de la relación. Pero si eso faltara, sería una locura
que la pareja siguiera comprometida en la relación.

Frank compara el mercado matrimonial con el mercado de alquileres. El propietario de la finca desea alquilar al mejor de los arrendatarios, pero acaba decidiéndose por el mejor que puede encontrar, y los inquilinos quieren el mejor de los apartamentos, pero se deciden por el mejor que pueden encontrar. Una y otra parte invierten en el apartamento (el propietario puede pintarlo del color elegido por el inquilino; el arrendatario puede hacer mejoras duraderas), de modo que uno y otro saldrían perjudicados si de repente se pusiera fin al contrato de alquiler. Si el inquilino se marcha a un piso mejor, el propietario tendrá que costear los gastos de un apartamento vacío y buscar un nuevo arrendatario; además, tendría que cobrar un alquiler más elevado para cubrir ese riesgo y debería estar dispuesto a volver a pintarlo. Si el propietario desahuciara, por otro lado, al inquilino para colocar en el piso a otro mejor, el primer inquilino tendría que buscar un nuevo hogar; y por tanto, en el siguiente, querría pagar sólo un alquiler bajo y no se preocuparía de mantener en buen estado el apartamento, dado que estaría expuesto al riesgo de que un buen día el propietario le desahuciará. 
En caso de que el mejor inquilino arrendara el mejor apartamento, las preocupaciones serían discutibles, pues ni una parte ni la otra querrían rescindir el contrato. Pero dado que ambas partes tienen que establecer un compromiso, ambos se protegen firmando un contrato de arrendamiento que resulte gravoso de romper. Al consentir en limitar la libertad que tiene de desahuciar al inquilino, el propietario puede cobrar un alquiler más alto. Al firmar el contrato que limita su libertad de marcharse, el arrendatario puede exigir un alquiler más bajo. La falta de opciones funciona en beneficio de cada una de las partes.

Las leyes del matrimonio funcionan un poco como un contrato de arrendamiento, pero nuestros antepasados tuvieron que descubrir cierto modo de obligarse a seguirlas antes de que las leyes existieran. ¿Cómo podemos estar seguros de que una presunta pareja no dejará la relación en el momento en que sea razonable hacerlo, pongamos por caso, cuando diez de cada diez lo hacen? Una respuesta consiste en no aceptar, de entrada, a una persona que nos quiera por motivos racionales; es decir, buscar una pareja que se comprometa a estar con uno porque uno es quien es. ¿Qué la compromete a hacerlo? Una emoción, es decir, una emoción que la persona no haya decidido tener y, por tanto, no pueda decidir dejar de tener. Una emoción que no esté desencadenada por el conjunto de valores que tenemos asociados con la pareja que buscamos, y por tanto que no pueda ser alienada por alguien que tenga un perfil más alto en conformidad con aquellos valores que definen la pareja ideal. Una emoción que pueda garantizarse que no es fingida, porque tiene costes fisiológicos como la taquicardia, el insomnio y la anorexia. En definitiva, una emoción semejante al amor romántico.

Douglas Yates escribió en cierta ocasión: «Las personas que más sensibles son al amor, son las más incapaces de vivirlo». Aun cuando sean cortejadas por el pretendiente perfecto, las personas son incapaces de querer enamorarse, a menudo para mayor asombro del casamentero, el pretendiente y la propia persona. Pero hay una mirada, una sonrisa, un ademán que roba el corazón. En el capítulo 2 expusimos el caso de las esposas de hermanos gemelos que no se sienten atraídas por el otro; ahora cabría especificar que en realidad nos enamoramos del individuo, no de las cualidades del individuo. La situación inversa se produce cuando Cupido acierta con sus flechas, pues entonces el enamorado se hace más creíble a los ojos del objeto del deseo. Los rumores de que la persona que nos ama tiene un parecido, un poder adquisitivo y un coeficiente de
inteligencia que no pasa de los niveles mínimos matarían probablemente la disposición romántica, aunque el enunciado es, desde un punto de vista estadístico, cierto. El modo de llegar al corazón de una persona
consiste en declarar justo lo contrario: que la amamos porque no podemos evitarlo. A pesar de la opinión que el Music Resource Centre para
padres tiene de Tipper Core, el socarrón rockero, con todos los piercings de su cuerpo y las genialidades de su guitarra, no canta a las drogas, al sexo o a Satanás, canta al amor. Corteja a una mujer llamando la atención acerca de la irracionalidad, los costes fisiológicos y lo incontrolable de su deseo.Te quiero tanto, que me estoy volviendo loco, no puedo comer, no puedo dormir, el corazón late como un gran tambor. Eres la única, no sé por qué te quiero así, me vuelves loco, no puedo dejar de quererte, nadie lo hace como tú, me gusta cómo andas, me gusta cómo hablas, etcétera, etcétera.

Ciertamente, podemos imaginarnos a una mujer que no caiga redonda a sus pies por declaraciones como éstas (o a un hombre, si es una mujer quien se declara de este modo), ya que activan una luz de alarma en el ser cortejado, la compra inteligente. Groucho Marx decía que no pertenecería nunca a un club que le tuviera a él como miembro. En general, los seres humanos no queremos a una persona pretendiente que nos quiera tanto y tan pronto, porque demuestra que el pretendiente está desesperado (de modo que posiblemente espere a alguien mejor) y porque demuestra que el ardor del pretendiente se activa demasiado pronto (de ahí que sea demasiado fácilmente activable por alguna otra persona). La contradicción del cortejo - hacer gala del propio deseo mientras se juega a que es difícil de conseguir- resulta de las dos partes que integran el amor romántico: establecer un criterio mínimo para los candidatos en el mercado de parejas y comprometerse caprichósamente en cuerpo y alma con uno solo de ellos.


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Nacido en Montreal (Canadá), obtuvo su licenciatura en la Universidad Mcgill en 1976. Se doctoró en Harvad en 1979 y enseñó en las Universidades de Harvard, Stanford, y el MIT, antes de regresar a Harvard en 2003 para investigar sobre el lenguaje y las relaciones sociales. Tiene infinidad de premios y ha recibido ocho doctorados honorarios por sus numerosos libros: El Instinto del Lenguaje, Cómo Funciona la Mente, La Tabla Rasa, Los Mejores Angeles de Nuestra Naturaleza, El Sentido del Estilo. 

En el prólogo de este libro (Como Funciona la Mente) escribe:
"Un libro que se titule Cómo funciona la mente sería mejor que empezara con una nota de humildad, y en mi caso quiero empezar con dos. La primera es que no comprendemos cómo funciona la mente, es decir, no tan bien como entendemos cómo funciona el cuerpo y ciertamente no lo bastante bien para diseñar la utopía o curar la infelicidad. Entonces, ¿por qué este audaz título? El lingüista Noam Chomsky sugirió en cierta ocasión que nuestra ignorancia se podía dividir en problemas y misterios. Cuando abordamos un problema, puede que no sepamos su
solución, pero tenemos intuición, un conocimiento cada vez mayor y ciertas ideas de qué andamos buscando. Cuando nos enfrentamos a un misterio, sin embargo, sólo podemos quedarnos mirando fijamente, maravillados y desconcertados, sin siquiera saber qué aspecto tendría una explicación. He escrito este libro porque docenas de misterios de la mente, desde las imágenes mentales basta el amor romántico, han sido elevados en fecha reciente a la categoría de problemas (¡aunque continúan, además, habiendo ciertos misterios!). Todas y cada una de las ideas vertidas en el libro puede que resulten estar equivocadas, aunque eso sería todo un progreso, ya que nuestras viejas ideas eran demasiado insulsas como para ser falsas. 
En segundo lugar, yo no he descubierto lo que conocemos acerca de cómo funciona la mente. Pocas de las ideas que iluminan estas páginas son de mi propia cosecha. He seleccionado, a partir de muchas disciplinas, teorías que calaron hondo en mí al ofrecer una comprensión especial de nuestros pensamientos y sentimientos, que se adecúan con los hechos y predicen, además, otros nuevos, y que son consistentes en su contenido y en su estilo de explicación. La meta que me he propuesto no ha sido otra que tejer las ideas en una imagen coherente utilizando dos ideas más importantes y destacadas, que tampoco son mías: la teoría computacional de la mente y la teoría de la selección natural de replicantes.


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