"El dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia".
(MARTIN DE AZPILKUETA - AÑO 1556)

viernes, 5 de marzo de 2010

¿Existen realmente los puestos de trabajo?

Realidad o ensoñación de la mente, ¿existen realmente los puestos de trabajo?










¿Tornero fresador o perro labrador? ¿realidad o ficción?, ¿verdad o mentira?; ¿entelequias de la mente?. Se ha especulado mucho: ¿Existen realmente los puestos de trabajo? Dame hueco, que donde hay hueco hay alegría. -------- ¡¡me parto y me mondo!! ---------- Jaca grande, luna negra, y aceitunas en la alforja, la muerte me está mirando desde las torres de Córdoba. Tu dame hueco, que habiendo hueco ya … yo … ya…



-----juasssssssssss-----
Bien pues … una vez recompuestos, intentemos averiguar si existen los puestos de trabajo. Un contrato de trabajo es un acuerdo en el que se intercambian bienes presentes por bienes futuros. Me temo que la manipulación gubernamental del dinero nos oculta este hecho. Hagamos un pequeño esfuerzo y eliminemos mentalmente el "puto dinero" manipulado. Como dice Mises, "las mercancías -y servicios- se pagan en última instancia, no con dinero, sino con otras mercancías" (Ley de Say). Imaginemos el sistema de intercambios a base de trueques. “La estructura del capital es la clave”, dice el personaje que interpreta a Hayek en este rap. Un trabajador que participa en un proceso productivo como por ejemplo la fabricación de coches, no espera a que lleguen al mercado los vehículos que contribuye a producir, para que su trabajo sea remunerado. Es el empresario el que adelanta al trabajador esa remuneración, anticipando el salario, con bienes que previamente ha ahorrado. En realidad, el empresario, también ha de anticiparse a sí mismo su propio salario durante el periodo de producción. Cuando el empresario paga el salario mensual al trabajador, adelanta bienes presentes. Estos bienes se están utilizando para producir otros bienes, por lo que se denominan bienes de capital. Son bienes ahorrados por alguien. A final de mes, para pagar la nómina (recuerden que hemos eliminado mentalmente el dinero), abre su caja fuerte y saca un par de zapatos, alimentos variados, unos gayumbos, herramientas, aspirinas, dos entradas de cine, crema hidratante, una tostadora, preservativos, un CD de Peret o de Bisbal, a elegir, y 40 litros de combustible. Además, el empresario, también deberá haber ahorrado previamente otros tantos bienes que tendrá obligación de entregar al Estado en concepto de seguridad social, por cada trabajador que tenga contratado. A cambio, el trabajador, renuncia a los bienes que contribuye a producir. Y cuando estos productos lleguen al mercado, no participará en los beneficios ni en las pérdidas empresariales. Si desde que se diseña el prototipo de un automóvil, hasta que las primeras unidades llegan al concesionario, transcurren varios años, el trabajador no espera todo ese tiempo para cobrar, ni podría hacerlo, a no ser que sea un cooperativista y a su vez disponga de ahorro previo. Por eso el contrato de trabajo por cuenta ajena es un contrato en el que se intercambian bienes presentes por bienes futuros. Es un contrato de préstamo. El empresario ofrece bienes presentes previamente ahorrados (por él o por otros) a cambio de los servicios prestados por el trabajador y de la renuncia de éste al producto futuro. Si no hay bienes presentes suficientes (ahorro), no hay ninguna posibilidad de embarcarse con éxito, en procesos de producción demasiado largos en el tiempo. Si, bajo la influencia del engaño de la expansión del crédito, nos empeñamos en embarcarnos en tales proyectos (Spain año 2002/03), el resultado será este (recordemos de nuevo que hemos eliminado mentalmente el dinero): Llegará un momento (año 2007/8), en el que se pondrá de manifiesto que los bienes presentes ahorrados por la sociedad durante ese periodo, no serán suficientes para cubrir los costes medidos en bienes pretéritos ya consumidos (los que adelantaron los empresarios) que en su día se emplearon en determinados procesos de producción emprendidos (burbuja inmobiliaria). Es decir, las mercancias que están solicitando los empresarios de la burbuja para intercambiar sus productos son más valiosas para la sociedad que esos productos, y por tanto no habrá intercambios. La Ley de Say nos dice que en última instancia las mercancias se terminan pagando con otras mercancias y que por tanto, no puede haber una sobreproducción agregada de bienes, tan solo a medio plazo podrá haber una una sobreproducción parcial.





Entonces, cuando el mercado descubre esa sobre-producción parcial (burbuja inmobiliaria), se paralizarán los intercambios en ese sector y sus auxiliares. Si el sector es muy grande con respecto al PIB, la economía entrará en recesión y mucha gente perderá su puesto de trabajo. Para reanudar los intercambios es condición necesaria reconocer pérdidas; incluso reconocer la pérdida total convirtiendo acreedores en accionistas, si es necesario, para que los recursos aún aprovechables puedan ser rápidamente movilizados a proyectos más urgentes, menos dilatados en el tiempo y por tanto, rentables, dadas las actuales circunstancias de malas inversiones generalizadas y de despilfarro de ahorro. Hay que desbloquear la movilidad de los factores de producción.




Esta información -los futuros proyectos rentables- no la tiene ni la podrá tener jamás ningún gobierno, porque se crea, o se pone de manifiesto, mediante la acción humana individual; mediante actos humanos deliberados de todos y cada uno de los habitantes del planeta, siempre encaminados a eliminar su malestar subjetivo; a pasar de una situación peor a otra mejor. A día de hoy, el gobierno está bloqueando el reconocimiento de pérdidas y por tanto impidiendo la reestructuración de la economía. Por otro lado, el mercado de trabajo, como todo mercado de intercambio de bienes presentes por bienes futuros, es enormemente dependiente de la incertidumbre que supone el que los bienes futuros puedan ser expoliados por el gobierno mediante su aparato fiscal. Si el propio gobierno, incapaz de cubrir sus gastos con impuestos, entra en el mercado y demanda mayor cantidad de bienes presentes, estando dispuesto a pagar con más bienes futuros (esto es lo que hace cuando emite deuda pública) que lo que están pagando otros gobiernos de su entorno, está vociferando que tendrá que aumentar aún más los impuestos en el futuro para hacer frente al pago de sus obligaciones, puesto que el Estado no ahorra, sino que consume.




Además, está incentivando a los que ofertan bienes presentes para que los inviertan en deuda del gobierno que, en principio, es más segura que la de otros agentes económicos. Y no lo es porque los inversores esperan que se pague, sino porque esperan que se refinancie.




Y por último estará detrayendo del mercado, bienes presentes que en otro caso podrían haber sido empleados en adelantar salarios de puestos de trabajo que nunca se crearán, correspondientes a proyectos empresariales que nunca podrán ser emprendidos (Frederic Bastiat: lo que se ve y lo que no se ve).




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