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sábado, 6 de noviembre de 2010

La apoplitorismosfobia del burócrata: It's my party, and I'll cry if I want to




It's my party and i'll cry if i want to
Cry if i want to
Cry if i want to
You would cry too if it's happened to you
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Es mi fiesta y lloraré si quiero,
lloro si quiero,
lloro si quiero,
tú también llorarías si te pasara a ti.
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Ben Bernanke (el gobernador de la FED) ha caído grávemente enfermo . En una huida hacia delante ha desenrroscado la manguera de la liquidez y se ha puesto a regar "relajación cuantitativa" ("quantitative easing")" como un loco mientras cantaba: "Es mi fiesta y lloraré si quiero, tú también llorarías si te pasara a ti". Esa es la letra y música del gobernador apoplitorismosfóbico (que se perdió esta clase).

Se trata de una enfermedad psicológica, rara e incurable que ataca a altos burócratas. Fue descubierta por el economista Mark Thornton.
La Apoplitorismosfobia consiste en un miedo irracional a la deflación, ya se entienda como caída de los precios o la contracción del suministro de dinero. En contraste, a todo el mundo le gusta la deflación, sobre todo cuando van a los centros comerciales. A la gente le encanta disfrutar de la caída de los precios a lo largo del tiempo.


martes, 2 de noviembre de 2010

Confiar nuestra moneda al gobierno es como confiar nuestro canario a un gato hambriento.


Hans F. Sennholz
Tiempos de inflación:

"La raíz de tantos males no debe buscarse en la moneda, como a veces se hace, sino en su depreciación, esa cruel y astuta destrucción de la moneda. La inflación monetaria destruye el ahorro individual y la posibilidad de bastarse a uno mismo, al producir una erosión en las economías personales. Beneficia a los deudores a expensas de los acreedores, al trasladar silenciosamente la riqueza y los ingresos de éstos a aquéllos. La inflación monetaria produce los ciclos económicos, los movimientos de pare-o-siga y gane-desmedidamente-o-húndase que producen perjuicios incalculables a millones de personas. Y es que la moneda es, no solamente el medio de prácticamente todos los intercambios económicos, sino también el denominador mismo de los cálculos en la materia. [Es la unidad de cuenta de toda la contabilidad empresarial]. Cuando la moneda sufre depreciaciones y devaluaciones, invita al gobierno a controlar precios y salarios, a la distribución compulsiva por medio de adjudicaciones y racionamientos oficiales, a las cuotas destructivas de las importaciones, a los altos aranceles y recargos, a la prohibición de viajes al extranjero e inversiones en otros países y a otras muchas restricciones oficiales a la actividad individual. La destrucción monetaria produce no sólo la pobreza y el caos, sino también la tiranía. Pocas políticas pueden destruir mejor los fundamentos de una sociedad libre que la corrupción de su moneda. Y pocas tareas –si es que existe alguna– son más importantes para el defensor de la libertad que la creación de un sistema monetario sano.

“La inflación es la creación de moneda por parte de las autoridades monetarias. Para expresarlo de manera más popular, es esa creación de moneda la que aumenta visiblemente los precios de los bienes y disminuye el poder adquisitivo de la moneda. Quizá lo haga a paso de tortuga, a trote o al galope, y ello dependerá de la cantidad de moneda que la autoridad disponga. Tal vez revista la forma de «inflación simple», en cuyo caso el producto de las nuevas tecnologías corresponderá al gobierno con destino a sus gastos deficitarios. O quizá tenga la forma de una «expansión del crédito», en cuyo caso las autoridades canalizarán la moneda que acaban de crear hacia el mercado de créditos. Es posible que el gobierno equilibre su presupuesto pero, para estimular la actividad comercial y promover el empleo, inyectará nuevo crédito en el sistema bancario. Ambas formas constituyen inflación en el sentido más amplio y, como tal, son políticas intencionadas y deliberadas por parte del gobierno.” (páginas 43-44)

“Aun los defensores de la propiedad privada y la libertad individual se muestran remisos a aplicar esos principios liberales a la moneda. Están convencidos de que la moneda no puede quedar a merced de los caprichos del mercado y deber ser controlada por el gobierno. Según sostienen, la moneda debe ser provista y regulada por el gobierno o su banco central. El hombre del siglo XX no puede concebir que la moneda pueda ser libre. Depende del gobierno para que acuñe sus monedas, emita sus billetes, defina qué es «moneda legal», cree bancos centrales, conduzca la política monetaria y luego estabilice el nivel de precios. En resumen: descansa totalmente en el gobierno para que éste lo provea de moneda. Pero esta confianza en procesos monopólicos produce inevitablemente la destrucción monetaria. Estamos en realidad justificadamente convencidos de que siempre que el gobierno tiene facultades monopólicas sobre la moneda, ésta sufre inflación, se deprecia y, en última instancia, se destruye.

“A lo largo de toda la historia de la civilización, los gobiernos han sido la causa principal de la depreciación monetaria. Es verdad que las variaciones en el suministro de moneda metálica, debidas a nuevos descubrimientos de oro y plata, afectaron ocasionalmente el valor de la moneda. Pero estos cambios fueron pequeños si los comparamos con los ocasionados por el envilecimiento de la moneda y la inflación de los billetes emitidos por los gobiernos. Especialmente desde el surgimiento del estatismo y la «sociedad redistributiva», los gobiernos de todo el mundo se han embarcado en inflaciones sin precedentes, cuyos desastrosos resultados, sin bien son obvios, apenas si pueden estimarse. Confiar nuestra moneda al gobierno es como confiar nuestro canario a un gato hambriento."





miércoles, 27 de octubre de 2010

Mervyn King (gobernador del Banco de Inglaterra): ¡¡¡¡ Acabar con la Reserva Fraccionaria !!!!

DISCURSO HISTÓRICO DEL GOBERNADOR DEL BANCO DE INGLATERRA.
Mervyn King apoya "eliminar la reserva fraccionaria" .

¡Ah, que usted no sabe todavía qué es eso de la reserva fraccionaria!
A grandes rasgos, el sistema de reserva fraccionaria es un engendro resultado de enmascarar un contrato de préstamo a la vista, haciéndolo pasar por un contrato de depósito, de tal forma que aunque la gran mayoría de la población cree que su dinero está "depositado", en realidad está prestado". Por tanto, al perder el cliente la propiedad de su dinero, se autoriza a los bancos, a su vez, a prestar o invertir el dinero que sus clientes (creen que) "depositan" en sus cuentas corrientes a la vista, estando obligados -los bancos- únicamente a mantener en reserva una fracción para atender las retiradas de sus clientes. Esta fracción se llama encaje o coeficiente de caja. En la Unión Monetaria Europea, el BCE es el que determina dicho coeficiente que en la actualidad es un 2%.

A lo que iba... Por muy histórico que haya sido el discurso, la cosa está muy complicada.

Aquí, los correveidiles de este socialismo para ricos que padecemos titulan:

King juega a ser Dios (King plays God):
http://www.economist.com/blogs/newsbook/2010/10/fixing_finance,
y añaden: "Mr King, junto a Andy Haldane, el autor de una serie de trabajos imaginativos sobre las finanzas, se inclina hacia el radicalismo" .



The Economist, dice sobre el discurso del gobernador:

"En un discurso pronunciado el 25 de octubre (ver video), en The Economist 's Buttonwood reunión en Nueva York, Mervyn King, criticó salvajemente la actuación de los bancos de Gran Bretaña antes de la crisis y criticó las nuevas propuestas de Basilea III por ser demasiado suaves ("Basilea III", por sí sola, no impedirá otra crisis financiera). Luego dijo lo que realmente pensaba: 

"de todas las maneras de organizar la banca, la peor es la que tenemos hoy en día." 

Como posibles soluciones incluía no sólo romper los bancos, sino también "la eliminación de la banca de reserva fraccional", es decir , esa vieja práctica de los bancos desde hace varios siglos consistente en emplear depósitos a corto plazo (depósitos a la vista) para conceder préstamos a medio y largo plazo (Teoría de la liquidez de Antal Fekete).
El Banco de Inglaterra, habiendo dejado las finanzas a su suerte durante una década, ahora parece que quiere que rediseñarlo".

Como era de esperar, ninguna televisión se ha hecho eco de esta sorprendente noticia. Los ciudadanos no saben ni que narices es, pero, con toda seguridad, comenzarían a interesarse cuando algún día comiencen las "hondonadas de hostias" para sacar el dinero del banco.

El profesor Huerta de Soto anunció públicamente (cuando encuentre el video, lo enlazo), hace unos meses, en una de sus clases en la Universidad, que había recibido a parlamentarios británicos que habían leído su libro e intentarían llevar a cabo parte de su propuesta de reforma del sistema financiero.
Actualizo: Por lo pronto el resultado -del anuncio de Huerta de Soto- es este: Douglas Carswell defiende el coeficiente de caja del 100% en el Parlamento Británico.

Y ahora nos encontramos con esta sorprendente conferencia del mismísimo gobernador del Banco de Inglaterra, es decir, un altísimo funcionario público AUTOLIMITÁNDOSE (inaudito). 

Contrariamente a como titula The Economist ("jugar a ser Dios" es precisamente lo que ocurre ahora), la propuesta es en realidad una auténtica auto-limitación del poder del estado, pues implica la eliminación de privilegios del sistema.
No es la panacea, pero por aquí se empieza, porque como dijo H. Hazlitt, para acabar con la inflación hay que dejar de inflar, y para eso hay que "dinamitar" los bancos centrales y que el sistema financiero se someta a los Principios Generales del Derecho (hoy no es así).
Huerta de Soto formula en la última parte de su libro "Dinero, Crédito bancario y Ciclos económicos, una revolucionaria propuesta de reforma".



Mervyn King, en la última parte de su discurso dice:


"El cambio es, creo, inevitable. La cuestión es sólo, si podemos pensar en nuestro camino a través de un mejor resultado, antes de que la próxima generación sea dañada por ese futuro y más grandes crisis. Esta crisis ya ha dejado un legado de deuda a la siguiente generación. No debemos dejar también, el legado de un sistema bancario frágil.
Me han explicado los principios en que una reforma exitosa del sistema debe descansar. Es un programa que llevará muchos años, si no décadas. Pero, como concluía Bagehot en "Lombard Street": "He escrito en vano si necesito decir ahora que el problema es delicado, que la solución es variable y difícil y que el resultado es inestimable para todos nosotros."


Si usted no tiene ni la más remota idea de qué va todo este ladrillazo, que he soltado, póngase al día en una hora pulsando aquí.

(nota: he cambiado el enlace por uno posterior puesto que el anterior dejó de funcionar)

Cédula del buen vivir - Precio Capitalista, Precio Justo, Precio Chávez

Un lector del economista Greg Mankiw le ha enviado una foto que éste publica en su blog:

Mankiw (que por cierto, según confiesa él mismo, no ha leído "La Acción Humana" de Ludwig Von Mises) se limita a publicar la foto sin más comentarios, tal vez, por resultar obvias las inexorables consecuencias del establecimiento de precios máximos.

Precios Máximos y Cédula del Buen Vivir


Esa cosa con nombre tan atractivo -Cédula del buen vivir- no es más que una moderna tarjeta de racionamiento para comprar únicamente los productos necesarios en los mercados socialistas (Mercados Bicentenario en Venezuela), tal y como se describe en estos videos:

Cartilla de racionamiento - Cuba, Habana Vieja.

Aquí tenemos a Chávez explicando las características de la Cédula del Buen Vivir, o sea, la moderna tarjeta de racionamiento bolivariana:



Cuando un gobierno establece precios máximos, aspira a defender a los compradores para que todos puedan adquirir la cantidad que deseen. (Seguimos a Von Mises). Actuar así puede garantizar gran respaldo popular; y, en todo caso, no hay duda que un gobierno puede hacerlo, para eso tiene policías, ejércitos, cárceles y patíbulos. La cuestión es, si realmente el poder público puede alcanzar esos fines (abastecer a todos) mediante la fijación de precios a nivel distinto a como se hubieran determinado en un mercado libre.

Precio capitalista, precio Chávez

Con precios máximos, ya no es el mercado (es decir, el consumidor) el que distribuye la oferta total de los bienes y servicios afectados. Forzosamente entrará en acción un nuevo dispositivo de distribución, puesto que, cuanto más bajos sean los precios máximos, habrá más potenciales compradores que, no obstante estar dispuestos a pagar por encima del precio máximo, no podrán adquirir los productos intervenidos.
Comprarán entonces, los que lleguen primero (como en las rebajas), o tal vez los enchufados (con buenas relaciones personales o amistades con burócratas y políticos), o quizás, los más fuertes y desalmados que con empleo de la violencia apartarán del mercado a sus rivales (mafias).




En todo caso, al final, será ineludible la imposición del RACIONAMIENTO para evitar el caos y para que cada uno adquiera la porción prevista.


Venezuela: compra de alimentos por sorteo de cédulas

Pero esto no resuelve el problema, puesto que el principal cometido del mercado es dirigir la producción. Si se establecen precios máximos (dejando en principio libres, los precios de los factores empleados), los empresarios marginales, es decir, los que producen con mayores costes (como pueden ser, por ejemplo, los que pagan mayores salarios), entrarán en pérdidas y por tanto, los factores de producción no específicos (por ejemplo la mano de obra) para la elaboración de esos productos con precios máximos, serán desviados a la elaboración de otros bienes no intervenidos por el gobierno.
Los factores específicos empleados en la elaboración de los bienes intervenidos se perderán, con el consiguiente despilfarro de los siempre escasos bienes de capital y la correspondiente disminución global de la renta, que afectará a la demanda de la totalidad de bienes y servicios de la economía.
En todo caso, la oferta total de los productos intervenidos con precios máximos DISMINUIRÁ e inevitablemente, el racionamiento será aún mayor, suponiendo que el producto no desaparezca totalmente del mercado.
¿Cuándo empezará la escasez?. Pues, la reducción de la oferta comenzará cuando esos precios máximos empiecen a absorber la totalidad de la renta de los productores marginales. Si no se cubren los costes reales, se cierran los negocios y desaparece la oferta.

Evidéntemente, este resultado es contrario a los objetivos del intervencionista, cuya intención era luchar contra la “especulación y los depravados mercaderes”, y facilitar al consumidor los bienes intervenidos por considerarlos de primera necesidad. Quería que todos, incluso los más pobres, estuvieran ampliamente abastecidos; pero solo ha conseguido disminuir la producción total.
Entonces, echará la culpa de su fracaso a la codicia humana… al egoísmo… etc, y a continuación se verá obligado a poner precios máximos a todos los factores de producción empleados en la fabricación de los bienes intervenidos, incluidos los salarios.
Pero eso no será suficiente, ya que, para que no se desvíe capital y trabajo a la producción de otros bienes sin intervenir, el gobierno deberá ORDENAR a empresarios, capitalistas y trabajadores que prosigan la producción de los bienes intervenidos ajustándose todo el mundo a los precios, salarios y tipos de interés establecidos, y a venderlos - aún a pérdida - a quienes se designa en los decretos de racionamiento.
Lo que nos advierten las leyes económicas es que la injerencia produce efectos contrarios a los objetivos perseguidos (abastecer a todo el mundo). El resultado es el contrario, desabastecimiento y caos. Y si el ego del gobernante no reconoce y acepta estas consecuencias y persiste y se adentra más y más en el camino emprendido, insistiendo en regular precios, obligando a la gente a producir cada vez mas clases de bienes (esenciales o no) con arreglo a los precios y salarios impuestos desde el poder supremo, al final se aniquila totalmente el mercado y surge -la miseria- el socialismo tipo germano, (Zwangswirtschaft, Von Mises, 1949) -para distinguirlo del socialismo tipo soviético. En ambos, la economía estaba completamente dirigida. La diferencia estribaba en que en el socialismo germano o nazi, existe un simulacro de mercado y una apariencia de propiedad privada, sólo apariencia. Los empresarios no eran tales, obedecían órdenes, y los precios no eran auténticos precios de mercado, eran meras expresiones cuantitativas nominales carentes de información.

Es indiferente –desde el punto de vista de la Ciencia Economica- que hoy y en otro sitio del planeta se le llame "socialismo bolivariano" o socialismo del siglo XXI a lo mismo que otros llamaron nacionalsocialismo, socialismo tipo nazi ó zwangswirtschaft.